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Cautiva su intensidad

  • Durante todo el concierto Inna Faliks mostró un gran temperamento pianístico. Foto: Francisco Ordaz
  • Inna Faliks es una concertista de gran nivel, entregada a su quehacer musical. Foto: Francisco Ordaz
Gabriel Rangel / Crítico musical
La música y la poesía son dos manifestaciones artísticas que habitualmente combinan bien, complementándose una a la otra.

Prueba de ello dio la ucraniana Inna Faliks en su primer recital en el Festival Internacional de Piano Sala Beethoven.

Con "Godai", de la brasileña Clarice Assad, no solamente desplegó su talento sobre las octavas, sino también, y de manera simultánea, recitó una poesía del norteamericano Steven Schroeder durante el segundo y tercer movimiento.

Y no solo ahí afloró el lirismo de la velada, también en otros momentos, como en el segundo movimiento, andante espressivo, de la Tercera Sonata para piano Op. 5 en Fa menor, del alemán Johannes Brahms, con el que inició el programa, o bien; en "Le Gibet" del "Gaspard de la Nuit", del francés Maurice Ravel.

En ambas, y durante todo el concierto, mostró un gran temperamento pianístico, amplia sonoridad y precisión en el ataque de las notas en obras, todas, de alta demanda técnica. En resumen, una concertista de gran nivel, entregada a su quehacer musical.

Además de lo anterior, también ejecutó la "Fantasía" en Re menor K. 397, del austriaco Wolfgang Amadeus Mozart, donde sólo eran criticables ciertos acentos poco habituales; y "Basso Ostinato", del ruso Rodion Shchedrin.

Los asistentes, que ocuparon solamente dos tercios de la parte baja del Auditorio San Pedro, brindaron un caluroso aplauso y Faliks regresó, por si lo todo lo ya interpretado fuera poco, para ofrecer de encore una pieza de bravura: el Estudio No.3, S. 140, "La Campanella", del húngaro Franz Liszt. La ovación de pie no se hizo esperar.

Hora de publicación: 16:46 hrs.

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