Más de Portada
Ante 'cuotas', evitan Aduana
Dice Atlanta adiós al Georgia Dome
Simulan inspectores operativo en la Basílica
Critica Trump acto de Lynch en México
'Reaparece' en lote regio negocio de un particular
Asesinan a directivo de Televisa
Hallan muerto a un hombre en Escobedo
Envía ciudad polaca auto a Tom Hanks
Propone México capítulo energético
Piden Alcaldes salvar recursos
Estrena San Nicolás obra... con parches
Matan a agente fronterizo; promete Trump castigo
Compartir artículo:
¿Quieres recibir en tu correo electrónico un resumen noticioso de la sección Multiplaza?
Solo por hoy
Por los siguientes 3 días
Durante una semana

Hermanos Grimm

  • Escena de la película "El secreto de los Hermanos Grimm", de 2005. Foto: Archivo
Guadalupe Loaeza
A los hermanos Grimm me los imaginaba rodeados de decenas de niños, contándoles cuentos y cuentos, felices de la vida: El gato con botas, Blancanieves, La bella durmiente, Hansel y Gretel, Pulgarcito y, naturalmente, La Cenicienta.

Me los imaginaba escribiendo juntos, pensando en personajes y viajando para conocer las historias de toda Alemania. Pero lo que no me imaginaba era que, en realidad, eran dos hombres muy serios; más que por los niños, preocupados por los textos de la tradición oral alemana. Les gustaba viajar para conocer a las personas que sabían las historias más antiguas de los pueblos. Como era un par de eruditos, lo que más les interesaba era cómo sonaba el alemán o la supervivencia de algunas palabras viejísimas. No pensaban en hacer un gran negocio con La Cenicienta, un musical en el teatro y mucho menos muñecas para vender. (¡Y quién sabe qué habrían pensado si se hubieran enterado de que algún día iba a existir Walt Disney!). Se llamaban Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859), y nacieron en Hanau, pequeña ciudad cerca de Frankfurt, en una familia que apreciaba mucho el arte. Tuvieron un hermano menor, Ludwig, que se destacó como violinista.

A tal grado han sido relacionados ambos hermanos, que hoy casi nadie los concibe separados. Sin embargo, Wilhelm era el más mundano, le gustaba viajar, salir a bailes y escribir poemas. Wilhelm conoció a Goethe, quien lo felicitó por su trabajo y su dedicación a la cultura alemana. Jacob era el más académico de los dos, el más severo, el que oía los cuentos populares para estudiar las leyes de la gramática y la sintaxis. Era el que decía: "Esta consonante es una fricativa, es sorda y proviene del antiguo armenio". Era tan sabio que todavía hoy se le reconoce como el fundador de la moderna filología alemana.

Notas Relacionadas

¡Klaus Kinski!
Este célebre actor alemán disfrutó una gran fama en vida y, actualmente, un descrédito del que ya no se recuperará nunca.
Ernst Jünger
El personaje de este domingo es Ernst Jünger (1895-1998).
Lo que más les interesaba era que no se perdieran las raíces del pueblo alemán. Su gran motivación para reunir cuentos fue la invasión de Napoleón a Prusia, en 1806. El emperador de los franceses ignoró a muchos pueblos alemanes, que se sintieron vulnerados. Esta situación hizo pensar a los Grimm en reunir los cuentos populares en lengua alemana. Naturalmente, la literatura infantil era muy distinta a la de ahora. Pensemos, por ejemplo, en el cuento de La Cenicienta que, como todos sabemos, dejó olvidada su zapatilla cuando huyó del baile en el palacio del príncipe. En la versión de los Grimm, las hermanastras quieren hacer que su pie quepa a toda costa en la zapatilla. Así es que una se corta el dedo gordo y la otra, el talón. El príncipe se percata porque los pajaritos se lo cuentan cantando. Y, por fin, logra encontrarse con Cenicienta. Esta historia ha cambiado mucho, sobre todo por la adaptación de Disney, quien jamás habría puesto ni dedos ni talones cortados. Hay que recordar que por muchos años ha sido un misterio saber quién contó a los Grimm esta historia tan maravillosa, pero, hace unos meses, la prensa reveló el nombre de la misteriosa contadora de relatos, quien hace 200 años tuvo literalmente suspendida el alma de los dos estudiosos oyendo una historia única.

Se llamaba Elisabeth Schellenberg, una mujer de más de 60 años, famosa porque sabía muchos cuentos populares. Holger Ehrhardt, profesor de la Universidad de Kassel, se dedicó a buscar en las actas de nacimiento y de defunción de la época de los Grimm hasta dar con la mujer que ellos mencionaban en sus cartas. Gracias a este epistolario, se enteró de que, en 1810, Wilhelm pidió a Elisabeth que le contara la historia de La Cenicienta, pero ella le dijo que no. Entonces, los Grimm recurrieron a un truco: enviaron a una mujer con sus hijos y Elisabeth les contó de esa joven maltratada por sus hermanastras. Los periódicos no nos dicen por qué esta mujer de la ciudad de Marburgo no quería contarla. Tampoco sabemos cómo conoció el relato esta narradora tan misteriosa, ni de qué época procede o de qué parte de Alemania. Ni nos enteramos en qué castillo se inspiró el cuento, ni sabemos si hubo una Cenicienta verdadera.

De lo que sí estoy segura es de que Elisabeth escuchó esta historia cuando era niña y quedó impresionada. Lo raro es que en la época de los Grimm ya casi nadie la conocía. A lo mejor, la narradora contaba el relato de una manera única, porque pensó que si no lo transmitía, se perdería. ¿Qué habrá pensado cuando vio que los hermanos Grimm publicaron su libro Cuentos de la infancia y del hogar, en que incluyeron esta historia?, ¿lo habrá conocido?

Debemos agradecer a los Grimm que nos hayan regalado esta historia que se repite millones de veces (los mexicanos padecemos adicción por las historias de cenicientas), una historia que, a pesar de que nos la sabemos de memoria, nos encanta leerla en los libros, pero también en las noticias y en las revistas de sociales.
Hora de publicación: 00:00 hrs.

FOTOGALERIAS RELACIONADAS

GALERIA MULTIMEDIA RELACIONADAS

GRÁFICOS ANIMADOS RELACIONADOS

UN VISTAZO A LOS COMENTARIOS