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Un médico high-tech

  • Dependiendo del éxito de Coremed, Julio y Metix LTD financiarían nuevos dispositivos. Foto: Cortesía
Daniel de la Fuente
A Julio Enrique Guerrero Ontiveros nunca le atrajo ser un médico convencional. No es que hubiera dudado de su vocación, pero no se veía en un consultorio firmando recetas.

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De hecho, cuenta este regiomontano que el 18 de diciembre recibirá su constancia de maestría en Gestión de Salud y Asistencia Social en la Universidad de Southampton, durante sus guardias en el Hospital Universitario egresó de la Facultad de Medicina de la UANL le irritaba checar manualmente signos vitales una y otra vez, porque sólo había un monitor y no se podía usar si el paciente no era de gravedad.

"Me fui de Monterrey con la idea de que las cosas son complicadas por la burocracia y la falta de recursos. Esto debía cambiar", expresa vía telefónica desde Gran Bretaña.

Donde más constató la incapacidad de la tecnología fue en su servicio en comunidades rurales.

"Me enfrenté a las carencias con las que trabajan los médicos en áreas marginadas. Experimenté la falta de recursos y limitaciones técnicas en áreas remotas.

"Siendo usuario y fan de la tecnología, empecé a pensar de qué manera podría aplicarla para satisfacer esas necesidades".

Por ello, en cuanto logró la beca para estudiar en aquella institución inglesa, Julio, hoy de 28 años, puso manos a la obra y diseñó un monitor de signos vitales de mano, lo que significó transformar un equipo de urgencias y cuidados intensivos en un dispositivo prehospitalario del tamaño de una cartera.

Del negocio de Julio, Metix LTD, surgió el dispositivo llamado Coremed, que aun apoyado por la universidad y el Gobierno británico, cuenta ya con el interés de fuerzas armadas, del equipo noruego de expedición al Polo Norte, Médicos sin Fronteras y hasta de la NASA.

Travieso, pero brillante

Este joven es el menor de dos hijos que tuvieron los tamaulipecos Elizabeth Ontiveros y Luis Guerrero, quienes estudiaron para maestra e ingeniero mecánico y que formaron a sus hijos en un ambiente de cultura y amor por la educación.

Ella dice que batallaron sobre todo con Julio, quien solía ser displicente y travieso, aunque brillante.

"Los inscribí a los dos en la carrera infantil de música en la Universidad", recuerda. "Al mayor, Luis Ricardo, no le gustó, pero Julio, aunque se resistió a estudiar sin el hermano, terminó los 10 semestres y sabe saxofón, piano y violín".

El papá dice que muy chicos sus hijos aprendieron inglés, lo que le serviría al menor en el futuro, y que eran muy lectores.

"Fueron socios de la Biblioteca Central y les encantaba ir a la Feria del Libro", comenta el ingeniero. De hecho, su hijo menor es fan de Harry Potter y El señor de los anillos.

Julio, quien habla de su vida tanto por teléfono como por e-mail, califica su infancia de complicada.

"Tuve problemas desde el kínder por mi 'mala conducta'", dice. "Fui inquieto y me gustaba explorar, lo que ocasionó anécdotas como perderme varias veces en el Cerro de la Silla y un accidente jugando con mis primos, a los 12 años, al fabricar fuegos artificiales. Me quemé la espalda, sin secuelas serias".

El padre dice que les inculcaron a ambos el buen desempeño, pero que se desesperaba con el hijo menor porque todo lo tomaba a juego, por lo que ante cualquier resistencia, incluso en carrera, lo retaba: "¡Cállame con buenas calificaciones!".

"Fuimos muy estrictos", justifica Luis, hijo de un telegrafista, "pero así nos formaron a nosotros".

La vida del hijo más chico, sin embargo, quien se inclinaba sólo por computadoras, cómics y videojuegos, cambió en febrero del 2002, cuando su hermano, de 19 años, falleció al ser atropellado.

"Yo, que no entraba a clases en prepa y me valía, no volví a ser el mismo", reconoce Julio, quien revela un suceso previo al accidente: Luis Ricardo estudiaba medicina y académicamente era sobresaliente, y cuando aquél estaba por terminar la prepa anhelaba un reto difícil, así que pensó en medicina, leyes, ingeniería o administración. Su hermano le dijo: "No seas copión".

"Realmente no iba a hacerlo (estudiar medicina), pero días antes del accidente me dijo en conversación seria (inusual, dada nuestra relación divertida) que estaría genial que estudiara con él y que presentara el examen de admisión. Y eso hice".

Los padres en un principio se negaron porque no le veían perfil para esta carrera, pero le permitieron probar al ver que lo hacía inspirado en el hijo mayor. Dice el dermatólogo Sergio González, quien fue tutor de Luis Ricardo y profesor de Julio, que éste simplemente decidió ocupar el lugar de su hermano.

"Lo recuerdo de mucha iniciativa, creativo. Hizo un buen papel en la carrera", afirma el médico acerca de este chico, quien pese al suceso no perdió su capacidad para vivir.

"Tú sabes que Julio está cerca por su risa", dice la madre. "Siempre está riendo y bromeando".

De hecho, este chico que obtuvo resultados excepcionales en su examen de admisión fue instructor de cirugía y en proyectos de investigación en ingeniería biomédica, salud pública y dermatología, además de ser uno de los dos estudiantes de su generación en obtener la certificación Internacional ATLS (Advanced Trauma Life Support).

Nuevas tecnologías en la medicina

Si Julio tenía algo claro al terminar su carrera fue que quería revolucionar la medicina mediante el uso de nuevas tecnologías.

Así, en vez de hacer su especialidad clínica, como generalmente se decide de inmediato, trabajó en una aseguradora y en telemedicina, así como de médico en hoteles y clínicas de la Riviera Maya. Con las propinas que recibía de extranjeros, ahorró cuanto pudo y aplicó a las universidades de Southampton, Sheffield y Durham, consideradas dentro del top 100 mundial.

"Las tres me aceptaron y escogí Southampton por ser la más destacada en Ciencias de la Salud, por su prestigio en tecnología (el que inventó la internet es maestro aquí) y poseer la mejor base de datos del Reino Unido", dice este aficionado a la música clásica y al heavy metal.

Becado, el chico, quien llegó a la Universidad con una bufanda como la de Harry Potter en Hogwarts, empezó a tejer lazos con compañeros no sólo de medicina, sino de ingenierías. Su maestría en Gestión de Salud y Asistencia Social le permitió barajear proyectos, teniendo siempre en mente el equipo caro y viejo usado en México.

Una parte de estas carencias, afirma, es por la ausencia de tecnología en la medicina cotidiana, debido a que a pocos doctores les interesa aprender de ingeniería. Julio sólo conoció a una excepción: Antonio Sánchez Uresti, jefe de Servicio del Departamento de Ingeniería Biomédica del HU.

"Desde entonces mi determinación fue que yo podía hacer algo para cambiarlo", afirma el joven, de quien Sánchez Uresti escribió para su postulación en Southampton: "Refiriéndose a su tipo de perfil emprendedor, siempre ve más allá en la aplicación o el uso que le puede dar a los conocimientos en áreas no exploradas. Es proclive a la diversificación y la transformación".

Después de participar en tres competencias intrauniversitarias: Startup Hacks, Weekend y Sillicon Valley Comes to the UK, con diferentes equipos y en los que siempre ocupó los primeros lugares, Julio dirigió a un grupo para hacer realidad un dispositivo que checara signos vitales, oxígeno en sangre, corazón, frecuencia respiratoria y presión arterial. La novedad es unir estas funciones, que las miden por separado máquinas grandes, en uno del tamaño poco mayor a un celular.

"Adapté los proyectos que desarrollé en un solo producto. El monitor cumple con todo lo que ocupa un pasante para transformarse en dos doctores a la vez, ya que tomar signos vitales no debe ser un trabajo manual ni para doctores, ni para enfermeras, ni para paramédicos, y la integración de expedientes físicos es un método arcaico.

"Mi dispositivo es un puente para que ese cambio sea ahora y fácil", explica sobre el aparato, con conexión a internet y a señal satelital, y que a diferencia de otros similares es más económico y portátil.

Julio fundó Metix LTD para participar en un concurso de mayor trascendencia: SIRIUS Programme, organizado por vez primera por la UKTI, la Secretaria de Economía británica, y al que se integraron Luis Maeda y Pablo Villanueva, del DF y becados por el Conacyt; la ucraniana Kateryna Zakharova, novia de Julio y encargada de finanzas, y el británico Peter Street, quien se dedica a las ventas y marketing.

Al ganar el certamen, fue presentado por la Universidad como alumno modelo a los de nuevo ingreso e invitado este viernes a la residencia oficial 10 de Downing Street a una ceremonia en la que el Primer Ministro David Cameron reconoció a las 100 compañías más innovadoras del Reino Unido.

Ahora, Julio está por concluir las unidades de prueba, para las que ya tiene 200 pre-órdenes, las cuales avalarán el dispositivo, que saldría a la venta a nivel comercial en 2015.

"Son de instituciones como Médicos sin Fronteras, British Army, Irish Armed Forces, Royal Airforce, Everest Expedition, Estación Médica del Polo Norte y NASA, además de otras ocho instituciones, cinco compañías de ambulancias aéreas y organizaciones que realizan expediciones a África y Medio Oriente".

Pablo, integrante de Metix LTD y egresado de la Universidad Anáhuac, describe a Julio como alguien de gran visión, que inspira debates y transforma ideas en realidad mediante habilidades de liderazgo.

"Él siempre lleva a la práctica lo aprendido en el aula, y más allá de contar con un expediente académico interesante, genera oportunidades de negocio fácilmente debido a su trayectoria académica, así como a su habilidad de relacionarse con personas de diversos contextos".

En su etapa Alpha, el dispositivo fue apodado "Frankie", por feo, grande y con tornillos, y en su etapa Beta, "Mr. Fantastic", por flexible. Su nombre oficial es "Coremed" y tendría un costo final de mil 700 libras, unos 37 mil pesos.

"Espero introducirlo a México en menos de 200 libras", comenta.

"Mi objetivo es llevar a la compañía a que todos los profesionales de la salud de primera respuesta tengan nuestro dispositivo en sus manos".

Cambiar, pues, lo que no le gustaba en México. Dependiendo del éxito de Coremed, Julio y Metix LTD financiarían nuevos dispositivos.

Para ello, no deja de anhelar.

"Sueño con llegar tan lejos como Patrick Soon-Shiong (médico, empresario e innovador en ciencias de la salud), pero en dispositivos. Aspiro a hacer realidad mis ideas y hacer más fácil el trabajo de todos los médicos y erradicar el mito de que estamos hechos para sufrir mientras sanamos a los pacientes".

Sabe de urgencias, dice, y si un dispositivo le ahorra tiempo a un doctor, lo hará más eficiente.

"Salvaría más vidas", afirma.
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