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La leyenda del ciclismo

  • Raúl Alcalá participó en el Tour de Francia. Foto: Enrique Zamarripa
  • Raúl Alcalá promueve entre la gente el ciclismo. Foto: Archivo
  • Con su bicicleta, Raúl Alcalá recorre de 80 a 90 kilómetros diarios en La Huasteca. Foto: Enrique Zamarripa
María Luisa Medellín
Había rodado con su bicicleta por pistas de Latinoamérica y Estados Unidos, pero en la Vuelta Baja California 1985, Raúl Alcalá recibió la oportunidad más grande de su vida: un lugar para el Tour de Francia.

A sus 22 años haría historia, sería el primer mexicano en alcanzar la cúspide del ciclismo mundial.

De oscuras cejas pobladas y ojos café claro, sonríe satisfecho. Cuenta que ya había asistido a los Juegos Centroamericanos en Cuba y a los Panamericanos en Caracas, que le dieron el pase a la prueba de ruta en los Juegos Olímpicos Los Ángeles 84.

Ahí, tras una larga fuga en solitario, el pelotón lo alcanzó poco antes de la meta y quedó en undécimo lugar.

Raúl se encoge de hombros y se sienta en un mullido sofá, en la sala de su casa. Tiene 51 años y a diario recorre 80 o 90 kilómetros en bicicleta por el Parque Ecológico la Huasteca.

Ahora retoma el instante en el que Mike Neel lo invitó al equipo Seven Eleven que dirigía, para ir al Tour de Francia, esta competencia  en etapas por la geografía francesa y países vecinos, que durante tres semanas puede superar los 3 o 4 mil kilómetros.

"En la Vuelta Baja California Neel me dijo que le gustaba mi estilo arriesgado y mis estrategias. En esa ocasión quedé en tercer lugar general. Participaban más americanos que mexicanos, era una carrera más reconocida que cualquiera en el país vecino", comparte el ciclista.

Cuando el regio preguntó por qué lo eligió entre tantos atletas experimentados, Neel contestó honestamente que otros no aceptaron por la presión que imponía el emblemático Tour.

En cambio, a él lo percibió combativo, atrevido, capaz de afrontar el reto titánico y, acertó, porque Raúl sabía a lo que se enfrentaba, pero nada tenía que perder. En México escaseaban las oportunidades y conseguir patrocinadores era una entre mil batallas.

I

Su debut profesional en la carrera con más reflectores del planeta, con el primer equipo americano que llegaba a esas instancias, sorprendió a Raúl, quien desde chico se soñaba ahí, mientras hojeaba revistas de ciclismo en Sanborns.

Y aunque quedó en la posición 114 en su primera incursión, sólo adelante de 8 corredores, se atrevió a prometer que se ubicaría entre los 10 primeros al año siguiente (1987).

Sus compañeros de equipo: el canadiense Alex Stieda y los estadounidenses Ron Kiefel, Jeff Pierce y Bob Roll, le aconsejaron ser prudente, no adelantarse; otros se rieron.

Sin embargo, cumplió su pronóstico: terminó en noveno sitio y conquistó el Maillot Blanc, jersey que distingue al mejor ciclista joven de la competencia.

No fue nada fácil. Desde sus entrenamientos se impuso a días lluviosos y temperaturas de 15 o 20 grados bajo cero, además de convertirse en rival a vencer en las etapas de montaña.  

"Me empecé a valorar más", reflexiona. "Me atreví a hacer cosas más grandes de las que estaba acostumbrado. Quería seguir en Europa y mi carácter, más que nada, me sacó adelante". 

Isaías Garza, veterano entrenador y encargado del Velódromo Radamés Treviño del Centro de Alto Rendimiento, comenta que desde ese momento llegaron los grandes contratos para Raúl, como el del PDM holandés, el mejor equipo de la época.

Acaparó los titulares de la prensa mexicana y extranjera, que lo consideraron el mejor ciclista en la historia de nuestro país, incluyéndolo entre los grandes de su generación: Miguel Induráin, Gianni Bugno y Eric Breukenk.

"Se abrió camino por sus cualidades. Es un corredor inteligente que tuvo el temple de colocarse al nivel de las figuras. Puso muy en alto a Monterrey y a México", destaca Garza.

Los expertos coinciden que su estilo era muy completo. Buen escalador, contrarrelojista y pasista. No muy buen sprinter, pero tampoco tan lento. Siempre atacaba y daba el plus.

Entre 1987 y 1994, el "Duende" o el "Niño de Oro" ganó dos etapas del Tour de Francia, concluyó una vez en noveno lugar y dos en octavo.

El último año fue capitán del Motorola Team, en el que iniciaba un joven Lance Armstrong, quien ganó el Mundial de Oslo 1993, y tras una exitosísima carrera de 7 triunfos en el Tour, cayó en el descrédito por hacer del dopaje su método de victoria. 

En la competencia de Oslo, Raúl sufrió uno de sus accidentes más aparatosos.

"Iba en buena posición. Me sentí muy seguro y me arriesgué en una bajada. Llovía, caí y fui a dar a unas vías de tren. Quedé noqueado y me atendieron los médicos. Tuve que abandonar la carrera".

Mientras el ciclista vivía en Europa sólo venía a participar en la Ruta México, de la que fue tricampeón, y entre los 80 y 90 fue parte del llamado póker de ases del deporte mexicano, junto a Julio César Chávez, en el boxeo; Hugo Sánchez, en el futbol, y Fernando Valenzuela, en el beisbol.

II

De niño, a Raúl le gustaban más el beisbol y el soccer. Incluso practicó futbol americano, pero la casualidad lo condujo hacia el ciclismo.

Él vivía en la Colonia Madero y visitaba a su abuelita, en la Linda Vista. Jugaba futbol cerca de ahí cuando escuchó una sirena.

Para descubrir de dónde provenía el sonido, cruzó los rieles de la Vía a Tampico con cuatro amigos que, como él, siempre andaban en bicicleta.

Entonces Humberto Treviño, padre de Radamés y organizador de circuitos ciclistas infantiles, les preguntó si querían participar.

Raúl tenía 9 años y no recuerda si pagaron los 5 o 10 pesos de inscripción, sólo que se arremangó el pantalón, se puso el número de participante, el casco que le prestaron, y ganó la carrera.

"Llegué tarde a la casa y mis papás me regañaron, aunque se suavizaron cuando les enseñé un trofeo pequeñito que me dieron. Esa sensación de triunfo fue mi mayor motivación para ir a las carreras cada fin de semana", comparte sonriente.

Era un chico inquieto, el sexto de nueve hermanos. Hijo de Ernestina Gallegos, ama de casa, y Rodolfo Celestino Alcalá, quien tenía un taller mecánico y que, desafortunadamente, falleció el pasado 23 de diciembre.

"Por herencia traigo algo de sangre deportiva", afirma el pedalista. "Mi abuelo materno, Emeterio Gallegos, jugó beisbol profesional en los 50".

Poco a poco, Raúl se integró a categorías en las que era necesaria la preparación y el equipo reglamentario para competir por los premios estatales y nacionales. Las carreteras y montañas de Nuevo León fueron su campo de entrenamiento.

Viajaba mucho y sólo cursó hasta segundo semestre de preparatoria. Representó al equipo de ciclismo de los Tigres de la UANL, y a los 18 años empezó a vivir en la Ciudad de México.

También fue a Italia, y en Colombia ganó en la ruta por equipos del Campeonato Panamericano.

"Hacía giras por Estados Unidos, en competencias por etapas de 10 días, con casi mil 200 kilómetros, que me daban ese rendimiento para estar en un ciclismo de élite, profesional.

"Me quedé allá por problemas con la Federación Mexicana, que me castigó seis meses sin correr por hablar de las necesidades del ciclismo, que las sigue habiendo, y los equipos americanos comenzaron a verme por mis resultados, mi carácter y condiciones físicas".

Raúl se casó a los 24 años y tiene tres hijos: Sebastián, Nicolás y Jimena. Luego se divorció y se unió a Mercedes Martínez.

Su hijo Sebastián platica que su padre le enseñó a andar en bicicleta cuando vivían en San Sebastián, España, cerca de los Pirineos, aunque él nació en Suiza, donde permanecieron un año.

"Vivíamos en un departamento. Había tres o cuatro edificios con un jardín en medio, rodeado por una banqueta. Ahí iba yo mientras mi papá agarraba la parte de atrás del asiento para ayudarme con el equilibrio. Le di más fuerte porque creía que iba conmigo. Luego volteé, vi que ya no me sostenía y me caí, pero me levanté y le seguí". 

Orgulloso de su padre, subraya que sacrificó mucho por el deporte y ha sido muy fiel a su vocación.

"Es alegre, sincero y divertido. Lo veo más como amigo, y aunque no tengo muy clara su época gloriosa en Europa porque yo era muy chico, sé que donde quiera estaba con él porque aparezco en las fotos cuando terminaba las carreras, en el camión con sus compañeros de equipo o cargándome en sus premiaciones".

III

El ciclismo internacional y el dopaje entablaron una mancuerna peligrosa. Raúl no estaba dispuesto a ser cómplice y adelantó su retiro en 1994, a los 30 años, tras conquistar la Clásica de San Sebastián, el Tour Dupont y la Vuelta a Asturias, entre otras.

"Era meterme en eso o retirarme. Por más que me esforzaba ganaban otros, y eso me hacía desconfiar de sus resultados. Preferí ser honesto conmigo, no engañar a nadie, y me fui.

"Lo venía pensando desde antes porque un compañero falleció. Tenía un médico que le administraba sustancias, y de repente se quedó dormido y ya no se levantó", menciona con tristeza.

Raúl inició negocios con altibajos. Reapareció en la Vuelta a México, con un quinto lugar general, vivió un periodo de depresión muy fuerte y volvió de nuevo a las pistas en la Vuelta a Chihuahua, pero una caída le obligó a abandonarla. Tenía 46 años cuando se coronó campeón nacional de la prueba contrarreloj.

"Él nunca había sido campeón nacional. No intervenía en esas competencias por conflictos con la Federación", cuenta Mercedes.

"Y para él fue un sueño hecho realidad. Le ganó a chavitos de 18, 20 años. Fue emocionante verlo con la bandera de México".

Raúl cumplía con los tiempos y deseaba participar en los Juegos Panamericanos. Sin embargo, la Federación Mexicana de Ciclismo decidió que no lo hiciera, por su edad.

Él continuó con sus entrenamientos -corre en bicicleta y escala montañas-, da charlas sobre su vida y en el 2011 fue director de la Vuelta a México Telmex.

"Fue al Tour de Francia para traer corredores y la gente le pedía autógrafos", narra Mercedes. "No fue necesario sacar pases o gafetes, podía andar en todas partes, convivir con los ciclistas y organizadores. Le demostraron que él sigue siendo parte de ese Tour".

Antes, había ingresado al Salón de la Fama, y más tarde puso en marcha el Challenge Raúl Alcalá, en el que los participantes se vuelven ciclistas por un día, al correr 70 o 150 kilómetros en alguno de los eventos programados, ya sea en Monterrey, Quintana Roo, Morelos o Brownsville.

Raúl cuenta que el año pasado invitó a Miguel Induráin al Challenge en Morelos y la gente estaba feliz.

"Él demostró que todavía trae punch, porque parte del recorrido es en montaña, y los participantes lo hicieron sentir como en casa", detalla entusiasmado.

El empresario Oswaldo Garza ha asistido a estos eventos y dice que la garantía es que Raúl está al frente.

"Hace cuatro, cinco años, fuimos a Austin, y tanto al pedir el permiso de ingreso a Estados Unidos, como en un almacén deportivo, lo reconocieron.

"El dueño de una tienda le pidió acompañarlo al segundo piso para mostrarle un póster autografiado por él cuando competía en el Tour de Francia", platica Oswaldo.

El ex Alcalde de Ciudad Guadalupe, César Garza, dice que cuando le platicó a Raúl su plan de rodar por más de 2 mil 500 kilómetros de Newport Beach, California, a Corpus Christi, Texas, en diciembre pasado, con otros amigos, no dudó en sumarse.

"De invitado se convirtió en capitán, sin su experiencia y liderazgo hubiera sido imposible lograr esa meta. Y más allá de lo técnico y mecánico, en lo que estuvo atentísimo, nos recalcó que lo más importante era integrarnos, ayudarnos y trabajar en equipo".   

Y es que en las pistas profesionales, o fuera de ellas, el ciclismo es la pasión de su vida.

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María Luisa Medellín
(24 enero 2016).-
  • Raúl Alcalá participó en el Tour de Francia. Foto: Enrique Zamarripa

  • Raúl Alcalá promueve entre la gente el ciclismo. Foto: Archivo

  • Con su bicicleta, Raúl Alcalá recorre de 80 a 90 kilómetros diarios en La Huasteca. Foto: Enrique Zamarripa

Había rodado con su bicicleta por pistas de Latinoamérica y Estados Unidos, pero en la Vuelta Baja California 1985, Raúl Alcalá recibió la oportunidad más grande de su vida: un lugar para el Tour de Francia.

A sus 22 años haría historia, sería el primer mexicano en alcanzar la cúspide del ciclismo mundial.

De oscuras cejas pobladas y ojos café claro, sonríe satisfecho. Cuenta que ya había asistido a los Juegos Centroamericanos en Cuba y a los Panamericanos en Caracas, que le dieron el pase a la prueba de ruta en los Juegos Olímpicos Los Ángeles 84.

Ahí, tras una larga fuga en solitario, el pelotón lo alcanzó poco antes de la meta y quedó en undécimo lugar.

Raúl se encoge de hombros y se sienta en un mullido sofá, en la sala de su casa. Tiene 51 años y a diario recorre 80 o 90 kilómetros en bicicleta por el Parque Ecológico la Huasteca.

Ahora retoma el instante en el que Mike Neel lo invitó al equipo Seven Eleven que dirigía, para ir al Tour de Francia, esta competencia  en etapas por la geografía francesa y países vecinos, que durante tres semanas puede superar los 3 o 4 mil kilómetros.

"En la Vuelta Baja California Neel me dijo que le gustaba mi estilo arriesgado y mis estrategias. En esa ocasión quedé en tercer lugar general. Participaban más americanos que mexicanos, era una carrera más reconocida que cualquiera en el país vecino", comparte el ciclista.

Cuando el regio preguntó por qué lo eligió entre tantos atletas experimentados, Neel contestó honestamente que otros no aceptaron por la presión que imponía el emblemático Tour.

En cambio, a él lo percibió combativo, atrevido, capaz de afrontar el reto titánico y, acertó, porque Raúl sabía a lo que se enfrentaba, pero nada tenía que perder. En México escaseaban las oportunidades y conseguir patrocinadores era una entre mil batallas.

I

Su debut profesional en la carrera con más reflectores del planeta, con el primer equipo americano que llegaba a esas instancias, sorprendió a Raúl, quien desde chico se soñaba ahí, mientras hojeaba revistas de ciclismo en Sanborns.

Y aunque quedó en la posición 114 en su primera incursión, sólo adelante de 8 corredores, se atrevió a prometer que se ubicaría entre los 10 primeros al año siguiente (1987).

Sus compañeros de equipo: el canadiense Alex Stieda y los estadounidenses Ron Kiefel, Jeff Pierce y Bob Roll, le aconsejaron ser prudente, no adelantarse; otros se rieron.

Sin embargo, cumplió su pronóstico: terminó en noveno sitio y conquistó el Maillot Blanc, jersey que distingue al mejor ciclista joven de la competencia.

No fue nada fácil. Desde sus entrenamientos se impuso a días lluviosos y temperaturas de 15 o 20 grados bajo cero, además de convertirse en rival a vencer en las etapas de montaña.  

"Me empecé a valorar más", reflexiona. "Me atreví a hacer cosas más grandes de las que estaba acostumbrado. Quería seguir en Europa y mi carácter, más que nada, me sacó adelante". 

Isaías Garza, veterano entrenador y encargado del Velódromo Radamés Treviño del Centro de Alto Rendimiento, comenta que desde ese momento llegaron los grandes contratos para Raúl, como el del PDM holandés, el mejor equipo de la época.

Acaparó los titulares de la prensa mexicana y extranjera, que lo consideraron el mejor ciclista en la historia de nuestro país, incluyéndolo entre los grandes de su generación: Miguel Induráin, Gianni Bugno y Eric Breukenk.

"Se abrió camino por sus cualidades. Es un corredor inteligente que tuvo el temple de colocarse al nivel de las figuras. Puso muy en alto a Monterrey y a México", destaca Garza.

Los expertos coinciden que su estilo era muy completo. Buen escalador, contrarrelojista y pasista. No muy buen sprinter, pero tampoco tan lento. Siempre atacaba y daba el plus.

Entre 1987 y 1994, el "Duende" o el "Niño de Oro" ganó dos etapas del Tour de Francia, concluyó una vez en noveno lugar y dos en octavo.

El último año fue capitán del Motorola Team, en el que iniciaba un joven Lance Armstrong, quien ganó el Mundial de Oslo 1993, y tras una exitosísima carrera de 7 triunfos en el Tour, cayó en el descrédito por hacer del dopaje su método de victoria. 

En la competencia de Oslo, Raúl sufrió uno de sus accidentes más aparatosos.

"Iba en buena posición. Me sentí muy seguro y me arriesgué en una bajada. Llovía, caí y fui a dar a unas vías de tren. Quedé noqueado y me atendieron los médicos. Tuve que abandonar la carrera".

Mientras el ciclista vivía en Europa sólo venía a participar en la Ruta México, de la que fue tricampeón, y entre los 80 y 90 fue parte del llamado póker de ases del deporte mexicano, junto a Julio César Chávez, en el boxeo; Hugo Sánchez, en el futbol, y Fernando Valenzuela, en el beisbol.

II

De niño, a Raúl le gustaban más el beisbol y el soccer. Incluso practicó futbol americano, pero la casualidad lo condujo hacia el ciclismo.

Él vivía en la Colonia Madero y visitaba a su abuelita, en la Linda Vista. Jugaba futbol cerca de ahí cuando escuchó una sirena.

Para descubrir de dónde provenía el sonido, cruzó los rieles de la Vía a Tampico con cuatro amigos que, como él, siempre andaban en bicicleta.

Entonces Humberto Treviño, padre de Radamés y organizador de circuitos ciclistas infantiles, les preguntó si querían participar.

Raúl tenía 9 años y no recuerda si pagaron los 5 o 10 pesos de inscripción, sólo que se arremangó el pantalón, se puso el número de participante, el casco que le prestaron, y ganó la carrera.

"Llegué tarde a la casa y mis papás me regañaron, aunque se suavizaron cuando les enseñé un trofeo pequeñito que me dieron. Esa sensación de triunfo fue mi mayor motivación para ir a las carreras cada fin de semana", comparte sonriente.

Era un chico inquieto, el sexto de nueve hermanos. Hijo de Ernestina Gallegos, ama de casa, y Rodolfo Celestino Alcalá, quien tenía un taller mecánico y que, desafortunadamente, falleció el pasado 23 de diciembre.

"Por herencia traigo algo de sangre deportiva", afirma el pedalista. "Mi abuelo materno, Emeterio Gallegos, jugó beisbol profesional en los 50".

Poco a poco, Raúl se integró a categorías en las que era necesaria la preparación y el equipo reglamentario para competir por los premios estatales y nacionales. Las carreteras y montañas de Nuevo León fueron su campo de entrenamiento.

Viajaba mucho y sólo cursó hasta segundo semestre de preparatoria. Representó al equipo de ciclismo de los Tigres de la UANL, y a los 18 años empezó a vivir en la Ciudad de México.

También fue a Italia, y en Colombia ganó en la ruta por equipos del Campeonato Panamericano.

"Hacía giras por Estados Unidos, en competencias por etapas de 10 días, con casi mil 200 kilómetros, que me daban ese rendimiento para estar en un ciclismo de élite, profesional.

"Me quedé allá por problemas con la Federación Mexicana, que me castigó seis meses sin correr por hablar de las necesidades del ciclismo, que las sigue habiendo, y los equipos americanos comenzaron a verme por mis resultados, mi carácter y condiciones físicas".

Raúl se casó a los 24 años y tiene tres hijos: Sebastián, Nicolás y Jimena. Luego se divorció y se unió a Mercedes Martínez.

Su hijo Sebastián platica que su padre le enseñó a andar en bicicleta cuando vivían en San Sebastián, España, cerca de los Pirineos, aunque él nació en Suiza, donde permanecieron un año.

"Vivíamos en un departamento. Había tres o cuatro edificios con un jardín en medio, rodeado por una banqueta. Ahí iba yo mientras mi papá agarraba la parte de atrás del asiento para ayudarme con el equilibrio. Le di más fuerte porque creía que iba conmigo. Luego volteé, vi que ya no me sostenía y me caí, pero me levanté y le seguí". 

Orgulloso de su padre, subraya que sacrificó mucho por el deporte y ha sido muy fiel a su vocación.

"Es alegre, sincero y divertido. Lo veo más como amigo, y aunque no tengo muy clara su época gloriosa en Europa porque yo era muy chico, sé que donde quiera estaba con él porque aparezco en las fotos cuando terminaba las carreras, en el camión con sus compañeros de equipo o cargándome en sus premiaciones".

III

El ciclismo internacional y el dopaje entablaron una mancuerna peligrosa. Raúl no estaba dispuesto a ser cómplice y adelantó su retiro en 1994, a los 30 años, tras conquistar la Clásica de San Sebastián, el Tour Dupont y la Vuelta a Asturias, entre otras.

"Era meterme en eso o retirarme. Por más que me esforzaba ganaban otros, y eso me hacía desconfiar de sus resultados. Preferí ser honesto conmigo, no engañar a nadie, y me fui.

"Lo venía pensando desde antes porque un compañero falleció. Tenía un médico que le administraba sustancias, y de repente se quedó dormido y ya no se levantó", menciona con tristeza.

Raúl inició negocios con altibajos. Reapareció en la Vuelta a México, con un quinto lugar general, vivió un periodo de depresión muy fuerte y volvió de nuevo a las pistas en la Vuelta a Chihuahua, pero una caída le obligó a abandonarla. Tenía 46 años cuando se coronó campeón nacional de la prueba contrarreloj.

"Él nunca había sido campeón nacional. No intervenía en esas competencias por conflictos con la Federación", cuenta Mercedes.

"Y para él fue un sueño hecho realidad. Le ganó a chavitos de 18, 20 años. Fue emocionante verlo con la bandera de México".

Raúl cumplía con los tiempos y deseaba participar en los Juegos Panamericanos. Sin embargo, la Federación Mexicana de Ciclismo decidió que no lo hiciera, por su edad.

Él continuó con sus entrenamientos -corre en bicicleta y escala montañas-, da charlas sobre su vida y en el 2011 fue director de la Vuelta a México Telmex.

"Fue al Tour de Francia para traer corredores y la gente le pedía autógrafos", narra Mercedes. "No fue necesario sacar pases o gafetes, podía andar en todas partes, convivir con los ciclistas y organizadores. Le demostraron que él sigue siendo parte de ese Tour".

Antes, había ingresado al Salón de la Fama, y más tarde puso en marcha el Challenge Raúl Alcalá, en el que los participantes se vuelven ciclistas por un día, al correr 70 o 150 kilómetros en alguno de los eventos programados, ya sea en Monterrey, Quintana Roo, Morelos o Brownsville.

Raúl cuenta que el año pasado invitó a Miguel Induráin al Challenge en Morelos y la gente estaba feliz.

"Él demostró que todavía trae punch, porque parte del recorrido es en montaña, y los participantes lo hicieron sentir como en casa", detalla entusiasmado.

El empresario Oswaldo Garza ha asistido a estos eventos y dice que la garantía es que Raúl está al frente.

"Hace cuatro, cinco años, fuimos a Austin, y tanto al pedir el permiso de ingreso a Estados Unidos, como en un almacén deportivo, lo reconocieron.

"El dueño de una tienda le pidió acompañarlo al segundo piso para mostrarle un póster autografiado por él cuando competía en el Tour de Francia", platica Oswaldo.

El ex Alcalde de Ciudad Guadalupe, César Garza, dice que cuando le platicó a Raúl su plan de rodar por más de 2 mil 500 kilómetros de Newport Beach, California, a Corpus Christi, Texas, en diciembre pasado, con otros amigos, no dudó en sumarse.

"De invitado se convirtió en capitán, sin su experiencia y liderazgo hubiera sido imposible lograr esa meta. Y más allá de lo técnico y mecánico, en lo que estuvo atentísimo, nos recalcó que lo más importante era integrarnos, ayudarnos y trabajar en equipo".   

Y es que en las pistas profesionales, o fuera de ellas, el ciclismo es la pasión de su vida.


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