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La última cruzada de Porfirio




Ernesto Núñez
El escaño 001 está vacío. En uno de sus costados, dos vasos de café y una botellita de agua lucen abandonados. Medio metro de papel se eleva sobre la mesa de trabajo; es la Gaceta Parlamentaria, que contiene 380 iniciativas que los diputados constituyentes han inscrito en la Orden del Día. Un montón de hojas que acabará en la basura.

Es la una de la tarde del jueves 3 de noviembre y, si el escaño está vacío, no es porque su dueño sea uno de los 40 diputados que faltaron a la sesión.

En ese momento, el legislador del escaño 001 está sentado en la zona de los priistas designados por Enrique Peña Nieto, y charla animadamente con Augusto Gómez Villanueva y Beatriz Pagés.

Una hora antes, estaba entre los perredistas, platicando con Dolores Padierna y Julio César Moreno. Al inicio de la sesión, departía con el coordinador de Morena, Bernardo Bátiz. Y, un poco antes de eso, con el presidente de la Asamblea, Alejandro Encinas.

A sus 83 años, Porfirio Muñoz Ledo -el constituyente 001- aún tiene energía para moverse con soltura entre los escaños, y para defender con vehemencia el proyecto de Constitución, firmado por Miguel Ángel Mancera, pero escrito de su puño y letra.

Como un mariscal de campo, Porfirio se levanta para observar el pleno; escucha, de pie, discursos y discusiones; levanta el brazo para saludar a cada uno de los proponentes de iniciativas y felicitarlos tras sus cinco minutos de fama en la tribuna. Después cambia de lugar, visita cada rincón del salón, sale auxiliado por un asistente, y regresa minutos después para seguir los trabajos.

Muñoz Ledo le ha dedicado el último año de su vida a este proyecto, y actúa como si nunca se cansara.

* * *

Entrevistado dos días antes de esa sesión, Muñoz Ledo luce animado y combativo. Cuando se le recuerdan los calificativos que le han puesto al proyecto de Constitución ("comunista", "fárrago constitucional", "engendro", "Frankenstein", "tutifruti de derechos", "almodrote"), endurece el rostro. Elevando la voz, niega que el texto del grupo de "notables" sea contradictorio con la Constitución general, que sea idealista o que atropelle a la propiedad privada.

Porfirio se ve entusiasmado por la asistencia de diputados de todos los partidos a las comisiones de trabajo. "¡Ahí lo tienes, mano! Que la sala esté llena, en una semana quebrada por el Día de Muertos, legitima todo este proceso".

Menciona las razones y virtudes del proyecto, y explica que el proceso que deberá concluir el 5 de febrero será, en realidad, el cumplimiento de un anhelo de 200 años, desde que en la Constitución de 1824 quedó irresuelta la coexistencia de dos Poderes en la capital de la República.

Muñoz Ledo es auxiliado por jóvenes asistentes que le preparan documentos, le acercan la silla, le cargan el abrigo y le consiguen un cenicero.

Fuma dos cigarros en una entrevista de 30 minutos, se toma un café negro, contesta dos llamadas telefónicas que entran a su celular, pero nunca pierde el hilo de la conversación.

Su mente, reconocida como prodigiosa por simpatizantes y detractores, es capaz de recordar el contenido de los siete títulos, los 76 artículos y los 21 transitorios del proyecto constitucional.

-¿Es su testamento político? -se le pregunta.

-No lo personalizo, pero sí ha sido un sueño de mi vida que haya un nuevo constitucionalismo en México -responde.

Es una manera digna de culminar una carrera política que inició en el México autoritario de Adolfo López Mateos, en 1961, cuando fue asesor de la Presidencia.

El defensor de la primera Constitución de la Ciudad sobrevivió ya a 10 presidentes, dirigió el PRI y el PRD, fue senador y diputado federal, embajador y secretario de Estado. Protagonizó interpelaciones, rupturas, escándalos, alianzas y un sinfin de hechos históricos.

Es un emisario del pasado que vuelve al presente para pronosticar el porvenir. "Estamos dando un paso irreversible hacia el futuro", asegura.

En julio de 2013, a punto de cumplir 80 años, Porfirio advirtió que su última batalla sería concretar la reforma política del Distrito Federal, una lucha que impulsó en 1996, cuando la izquierda negoció con Ernesto Zedillo la reforma que daría pie a la elección de Cuauhtémoc Cárdenas como primer jefe de Gobierno.

Se trataba entonces de obtener la autonomía total de la capital, y Porfirio sigue en ese empeño.

Hoy, es el coordinador de la bancada Constitucionalista, que aglutina a los diputados designados por Mancera, y preside la Conferencia de Armonización, un grupo que tendrá la titánica labor de revisar que no haya contradicciones jurídicas entre los dictámenes surgidos de las ocho comisiones de trabajo, en donde serán procesadas, al menos, 679 iniciativas de diputados y 240 propuestas ciudadanas.

Ése es el tamaño de la última cruzada de Porfirio.
Hora de publicación: 00:00 hrs.

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