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2017: Redefiniendo fronteras



OPINIÓN INVITADA / Salvador Alva


Inicia 2017 y tenemos dos grandes razones para estar felices: contamos con el don de la vida y somos protagonistas de una de las etapas más importantes en la evolución de la humanidad. La última se dio entre 1870 y 1900, originó grandes inventos como el ferrocarril, el automóvil, el teléfono, la lámpara incandescente y muchos más.

Fue una época de temores e incertidumbres porque pasamos de ser una sociedad agrícola rural a convertirnos en una industrial urbana. A pesar de los grandes avances, en 1873 y 1893 vivimos depresiones económicas y rompimos varios paradigmas, entre ellos la sustitución del trabajo agrícola dominante por la industrialización del campo.

Hoy, igual que en aquella época nos preguntamos, ¿dónde se generarán los puestos de trabajo que la robotización sustituirá?

En los últimos 20 años, la humanidad se ha conectado a través de internet iniciando en lugares fijos, para seguir con las personas y terminar conectando todas las cosas de uso diario en tal magnitud que nos cambiará la vida de forma inimaginable irremediablemente.

El avance en las ciencias y la tecnología nos llevará nuevamente a romper paradigmas y creencias muy arraigadas que aceptamos como verdaderas.

Sólo por recordar algunas: en un momento creíamos que la Tierra era plana y era el centro del universo; en el corazón radicaba el alma y estábamos dispuestos al sacrificio humano para ofrecerlo a los dioses; la riqueza de una nación estaba en sus materias primas, etcétera.

La robótica, la nanotecnología, las impresoras 3D y los vehículos autónomos, entre otros, cambiarán nuestra forma de vivir, y cualquier comparativo con la vida actual será inútil, porque se romperán paradigmas y creencias muy arraigadas el día de hoy.

Aún no sabemos cómo será gobernado un planeta hiperconectado donde las fronteras físicas están desapareciendo y la creación del capital intelectual no tiene nacionalidad.

¿Qué pasará con los casi 200 países en que se divide el planeta y los cuales se inventaron para proteger y desarrollar territorios físicos? Estamos ante una caída dramática de la confianza en las instituciones que hoy sustentan las estructuras sociales de cada país, comenzando con los políticos, los Gobiernos, la prensa, los sistemas educativos, las religiones, los empresarios, las profesiones y muchas más.

Y la pregunta que todos debemos hacernos es ¿cómo vivir en este cambio exponencial? La respuesta es muy simple: aprender a disfrutar y ser parte del cambio, o resistirnos a él y sufrir. Ambas opciones son elecciones nuestras. Hoy les propongo un despertar diferente ante el 2017.

Los problemas de seguridad, violencia e incertidumbre, así como los sorpresivos cambios en el mundo pueden configurar una crisis, o abrir la posibilidad a nuevas oportunidades. La invitación es a mirar el futuro de una manera diferente y cambiar nuestro pensamiento. Pensar más en lo que amamos y apreciamos. Hacer que ese pensamiento se convierta en acciones que impulsen el cambio. Acciones que inicien con nuevas actitudes hacia los demás, en el trabajo, con los vecinos y con nuestra propia familia.

Miremos con gratitud aquello que nos ha sido dado, lo merezcamos o no, e incluso, apreciemos con nuevos ojos las cosas que tenemos "gratis". Aquello que no controlamos y que no nos implica mayor esfuerzo es, muchas veces, lo más valioso: respirar, mirar un atardecer, sentir el sol, saber que alguien nos ama, comer lo que nos gusta; todo se vuelve tan cotidiano que dejamos de apreciarlo, de alguna manera nos es proporcionado y ni siquiera le concedemos valor.

Ser agradecidos nos ayuda a desarrollar una valiosa cualidad: la de decidir desde qué lado mirar. Reconocer que la vida nos presenta conflictos derivados de los cambios que se avecinan y también de los retos que nosotros perseguiremos. Por ello, la única elección que tenemos es manejar el cambio con actitud y energía positiva o negativa. Está comprobado que la primera nos dará salud y bienestar, así como la segunda nos hará infelices y enfermos, y nos alejará de la gente que más queremos.

Estamos en el día uno del resto de nuestras vidas. Podemos despertar a un nuevo amanecer, 2017 apenas comienza.

 
El autor es presidente del Tecnológico de Monterrey.

 
salva@itesm.mx
 
 
 


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2017: Redefiniendo fronteras

OPINIÓN INVITADA / Salvador Alva



Inicia 2017 y tenemos dos grandes razones para estar felices: contamos con el don de la vida y somos protagonistas de una de las etapas más importantes en la evolución de la humanidad. La última se dio entre 1870 y 1900, originó grandes inventos como el ferrocarril, el automóvil, el teléfono, la lámpara incandescente y muchos más.


Fue una época de temores e incertidumbres porque pasamos de ser una sociedad agrícola rural a convertirnos en una industrial urbana. A pesar de los grandes avances, en 1873 y 1893 vivimos depresiones económicas y rompimos varios paradigmas, entre ellos la sustitución del trabajo agrícola dominante por la industrialización del campo.

Hoy, igual que en aquella época nos preguntamos, ¿dónde se generarán los puestos de trabajo que la robotización sustituirá?

En los últimos 20 años, la humanidad se ha conectado a través de internet iniciando en lugares fijos, para seguir con las personas y terminar conectando todas las cosas de uso diario en tal magnitud que nos cambiará la vida de forma inimaginable irremediablemente.

El avance en las ciencias y la tecnología nos llevará nuevamente a romper paradigmas y creencias muy arraigadas que aceptamos como verdaderas.

Sólo por recordar algunas: en un momento creíamos que la Tierra era plana y era el centro del universo; en el corazón radicaba el alma y estábamos dispuestos al sacrificio humano para ofrecerlo a los dioses; la riqueza de una nación estaba en sus materias primas, etcétera.

La robótica, la nanotecnología, las impresoras 3D y los vehículos autónomos, entre otros, cambiarán nuestra forma de vivir, y cualquier comparativo con la vida actual será inútil, porque se romperán paradigmas y creencias muy arraigadas el día de hoy.

Aún no sabemos cómo será gobernado un planeta hiperconectado donde las fronteras físicas están desapareciendo y la creación del capital intelectual no tiene nacionalidad.

¿Qué pasará con los casi 200 países en que se divide el planeta y los cuales se inventaron para proteger y desarrollar territorios físicos? Estamos ante una caída dramática de la confianza en las instituciones que hoy sustentan las estructuras sociales de cada país, comenzando con los políticos, los Gobiernos, la prensa, los sistemas educativos, las religiones, los empresarios, las profesiones y muchas más.

Y la pregunta que todos debemos hacernos es ¿cómo vivir en este cambio exponencial? La respuesta es muy simple: aprender a disfrutar y ser parte del cambio, o resistirnos a él y sufrir. Ambas opciones son elecciones nuestras. Hoy les propongo un despertar diferente ante el 2017.

Los problemas de seguridad, violencia e incertidumbre, así como los sorpresivos cambios en el mundo pueden configurar una crisis, o abrir la posibilidad a nuevas oportunidades. La invitación es a mirar el futuro de una manera diferente y cambiar nuestro pensamiento. Pensar más en lo que amamos y apreciamos. Hacer que ese pensamiento se convierta en acciones que impulsen el cambio. Acciones que inicien con nuevas actitudes hacia los demás, en el trabajo, con los vecinos y con nuestra propia familia.

Miremos con gratitud aquello que nos ha sido dado, lo merezcamos o no, e incluso, apreciemos con nuevos ojos las cosas que tenemos "gratis". Aquello que no controlamos y que no nos implica mayor esfuerzo es, muchas veces, lo más valioso: respirar, mirar un atardecer, sentir el sol, saber que alguien nos ama, comer lo que nos gusta; todo se vuelve tan cotidiano que dejamos de apreciarlo, de alguna manera nos es proporcionado y ni siquiera le concedemos valor.

Ser agradecidos nos ayuda a desarrollar una valiosa cualidad: la de decidir desde qué lado mirar. Reconocer que la vida nos presenta conflictos derivados de los cambios que se avecinan y también de los retos que nosotros perseguiremos. Por ello, la única elección que tenemos es manejar el cambio con actitud y energía positiva o negativa. Está comprobado que la primera nos dará salud y bienestar, así como la segunda nos hará infelices y enfermos, y nos alejará de la gente que más queremos.

Estamos en el día uno del resto de nuestras vidas. Podemos despertar a un nuevo amanecer, 2017 apenas comienza.

 
El autor es presidente del Tecnológico de Monterrey.

 
salva@itesm.mx