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Mujeres, hablemos de dinero

OPINIÓN INVITADA / Opinión Invitada


Nuevo León es considerado la cumbre industrial, además de ser ejemplo de empuje laboral. Pero, así como pasa en muchas buenas familias, nuestra entidad esconde un horrible secreto en este tema: la misoginia.

El Estado de los "echados pa' lante" ocupa el primer lugar en la brecha salarial en cuestión de género.

EL NORTE publicó esta semana notas -en ocasión del Día Internacional de la Mujer- sobre el asunto. Entre otros tópicos, se abordó que la diferencia en sueldos entre hombres y mujeres en México es casi del 17 por ciento, o que que entre más alto es el cargo, mayor es el rezago que tienen ellas frente a ellos.

Luchar para cerrar la brecha salarial no es sólo labor de los líderes industriales y sindicales, si bien son corresponsables por mantenerse en una postura cómoda y de statu quo que ha retrasado décadas a las mujeres nuevoleonesas.

Aunque la brecha existe en otros países, son absurdas las explicaciones que se dan en Monterrey y sus municipios colindantes.

Las mujeres mismas cargamos gran parte de la culpa. Tanto profesionistas como trabajadoras del hogar pecamos de modestia y resignación.

Parte del tabú es la concepción del rol de la mujer en la sociedad. El ser ambiciosa no es sinónimo de prepotencia. Siendo así, ¿por qué no compartir nuestros ingresos, sueños y aspiraciones con las demás?

La cultura machista nos enseñó desde pequeñas a no pedir "de más", a estar agradecidas por lo que nos ofrecen y a callar mientras los demás hablan.

El otro lado de la moneda es todavía más bizarro. Increíble pensar que en el siglo 21 todavía se tome en consideración el estado civil en los procesos de contratación.

Una de las razones por las que las mujeres ganan menos que los hombres es porque ellas no saben negociar su salario, se dijo en un foro organizado en la EGADE, reportado por la Sección Vida de este periódico.

Entonces hablemos de dinero, mujeres. Sin tapujos ni resentimientos, hablemos de los reclutadores, las promociones y cuánto ganamos.

El cansancio llega a su límite, no podemos seguir cuidando los egos de papel. El conocimiento es un arma, entre más tengamos más sencillo será exigir lo justo. Lo sé porque en mi red de contactos tengo egresadas universitarias que ganan apenas más que el salario mínimo.

Son licenciadas que ganan lo mismo que trabajadoras domésticas: una miseria. Ambos empleos son dignos y remunerados, pero sus ínfimos ingresos simplemente no alcanzan para cubrir sus necesidades.

Hablar de dinero despersonaliza los puestos y responsabilidades laborales. Se entra en un debate de trueque comercial en el que de manera transparente se presta un servicio y se recibe un pago a cambio. Además, facilita un "benchmark" saludable y competitivo que al final del día es la base del capitalismo.

De lo contrario, el statu quo insensibiliza a las trabajadoras. Vaya que es doloroso conocer a madres solteras en Nuevo León que viven en el futuro: con las tarjetas de crédito al tope.

No hay excusa ni burla que valga. Es importante reconocer el valor del trabajo de la mujer en todos los sectores de la economía.

Como ciudadanos mexicanos tenemos los derechos y obligaciones, como trabajadores responsabilidades y metas por cumplir, por ende, la brecha salarial es ilógica, anticapitalista e ilegal.

Romper el tabú quizá puede traer consecuencias indeseadas, pero necesarias para cambiar la mentalidad mexicana y, en este caso, regiomontana.

Es imposible seguir esperando a que las cosas cambien por sí solas, las nuevas generaciones ocupen altos cargos o los políticos nos defiendan.

El momento de hablar de dinero es ahora. El trabajo bien hecho no tiene género, así que la calidad de vida tampoco debería tenerlo.

 
La autora es licenciada en Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey, editora científica de Curie's Coat Publishing
 
monica.arreola.f@gmail.com
 
 
 
 

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El Estado de los "echados pa' lante" ocupa el primer lugar en la brecha salarial en cuestión de género.

EL NORTE publicó esta semana notas -en ocasión del Día Internacional de

la Mujer- sobre el asunto. Entre otros tópicos, se abordó que la diferencia en sueldos entre hombres y mujeres en México es casi del 17 por ciento, o que que entre más alto es el cargo, mayor es el rezago que tienen ellas frente a ellos.

Luchar para cerrar la brecha salarial no es sólo labor de los líderes industriales y sindicales, si bien son corresponsables por mantenerse en una postura cómoda y de statu quo que ha retrasado décadas a las mujeres nuevoleonesas.

Aunque la brecha existe en otros países, son absurdas las explicaciones que se dan en Monterrey y sus municipios colindantes.

Las mujeres mismas cargamos gran parte de la culpa. Tanto profesionistas como trabajadoras del hogar pecamos de modestia y resignación.

Parte del tabú es la concepción del rol de la mujer en la sociedad. El ser ambiciosa no es sinónimo de prepotencia. Siendo así, ¿por qué no compartir nuestros ingresos, sueños y aspiraciones con las demás?

La cultura machista nos enseñó desde pequeñas a no pedir "de más", a estar agradecidas por lo que nos ofrecen y a callar mientras los demás hablan.

El otro lado de la moneda es todavía más bizarro. Increíble pensar que en el siglo 21 todavía se tome en consideración el estado civil en los procesos de contratación.

Una de las razones por las que las mujeres ganan menos que los hombres es porque ellas no saben negociar su salario, se dijo en un foro organizado en la EGADE, reportado por la Sección Vida de este periódico.

Entonces hablemos de dinero, mujeres. Sin tapujos ni resentimientos, hablemos de los reclutadores, las promociones y cuánto ganamos.

El cansancio llega a su límite, no podemos seguir cuidando los egos de papel. El conocimiento es un arma, entre más tengamos más sencillo será exigir lo justo. Lo sé porque en mi red de contactos tengo egresadas universitarias que ganan apenas más que el salario mínimo.

Son licenciadas que ganan lo mismo que trabajadoras domésticas: una miseria. Ambos empleos son dignos y remunerados, pero sus ínfimos ingresos simplemente no alcanzan para cubrir sus necesidades.

Hablar de dinero despersonaliza los puestos y responsabilidades laborales. Se entra en un debate de trueque comercial en el que de manera transparente se presta un servicio y se recibe un pago a cambio. Además, facilita un "benchmark" saludable y competitivo que al final del día es la base del capitalismo.

De lo contrario, el statu quo insensibiliza a las trabajadoras. Vaya que es doloroso conocer a madres solteras en Nuevo León que viven en el futuro: con las tarjetas de crédito al tope.

No hay excusa ni burla que valga. Es importante reconocer el valor del trabajo de la mujer en todos los sectores de la economía.

Como ciudadanos mexicanos tenemos los derechos y obligaciones, como trabajadores responsabilidades y metas por cumplir, por ende, la brecha salarial es ilógica, anticapitalista e ilegal.

Romper el tabú quizá puede traer consecuencias indeseadas, pero necesarias para cambiar la mentalidad mexicana y, en este caso, regiomontana.

Es imposible seguir esperando a que las cosas cambien por sí solas, las nuevas generaciones ocupen altos cargos o los políticos nos defiendan.

El momento de hablar de dinero es ahora. El trabajo bien hecho no tiene género, así que la calidad de vida tampoco debería tenerlo.

 
La autora es licenciada en Relaciones Internacionales del Tec de Monterrey, editora científica de Curie's Coat Publishing
 
monica.arreola.f@gmail.com