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¡Wow, Sibau!



REBANADAS / Cony DeLantal
en EL NORTE


Nos la estaban haciendo muy cachetona, pero por fin abrieron Sibau en Arboleda. Al menos valió la pena tanta expectativa. El restaurante quedó padrísimo, moderno y elegantito, con un diseño fresco y disfrutable, donde predominan los tonos marfil, aqua y carmín (blanco, azul y rojo, para que me entiendan los hombres).

Cocina y servicio son otra maravilla. No cabe duda de que Sibau inmediatamente se cuela al top 10 de Monterrey. Luego discutimos cuáles son los otros 9.

Es un proyecto del aclamado papuchef (mezcla de papucho y chef) español Bruno Oteiza, mejor conocido por su restaurante Biko en CDMX, donde está asociado con su compatriota Mikel Alonso, otro que es guapo en la cocina y en todo lo demás.

Por si no sabías, Biko está considerado entre los mejores 50 del mundo, sí, del mundo mundial, y en algún momento anduvo el run run de que lo tendríamos acá en Monterrey... Teléfono descompuesto. Lo que en realidad se estaba cocinando era Sibau, digamos que un medio hermano de Biko, donde ya nomás Oteiza aparece al frente, aunque con una propuesta igual de espectacular.

Adentro de Sibau se percibe en un instante lo mucho que se prepararon. Para empezar te quedas de a cuatro con el ejército de gente, no nada más atendiendo mesas, también los que ves cocinando, porque dejaron la cocina tan exhibida que literalmente se les ve hasta la cocina. Es muy entretenido ponerte a observar lo que hacen ¡nomás para no tropezarse unos con otros!

Desde que llegas te capotea un equipo de hostess (¿hostessess, o cómo se dirá?) bastante avispadas. Yo lo digo por listas, pero mi marido en lo que se fija es en la cinturita. De ellas no te puedes escapar sin dejar registro de tu genealogía en su computadorcita.

Y siempre me he preguntado ¿qué harán con esa listita repleta de nombres y apellidos random? ¿Qué fin tendrán los Juan Pérez y las Lupes López que llenan renglones sin ton ni son?

Mi marido, que es un loquillo, se da vuelo inventándoles tarugadas. "Nombre, por favor". Ricky. "¿Apellidos?". Riquín Canallín. Se le quedó viendo tan feo la señorita que le dijo "no se crea" y enseguida les dio el nombre de Andrés Manuel López. Y así nos llevó la muchachita a la mesa, viendo a mi marido de reojo con muchas dudas. "Acompáñeme por favor, señor López".

Luego empezó el desfile de rangos. Nos dejó en manos de un garrotero que nos dio la bienvenida, luego llegó un mesero, después un capitán y al final un general o algo así. A cómo íbamos yo ya estaba esperando al mismísimo Bruno Oteiza de postre, pero no se me hizo; jamás llegó.

Y lo peor es que cada que me traían una vianda lo mencionaban de una u otra forma, así como cocoreándome: "el preferido del Chef Oteiza", "secreto del chef", "es el que él recomienda"...

¿Y no podrá venir a recomendarlo él mismo?, pregunté yo ilusionada. Uy, se acaba de ir, me aseguraron. Pamplinas. Otro mesero me confesó que sólo vino a la apertura y se retachó a España. Así me dijo, aunque en realidad está avecindado en CDMX. Total, puras leyendas. Oteiza es un mito hasta ahorita. Ojalá nos pele a los regios.

 
 
¿Y LA COMIDA, APÁ?

Perdón, casi olvido la comida por andar enlelada con el chef. Déjame platicarte de las delicias de Sibau porque su cocina también está de lo mejor. Cariñosa por supuesto, ya sabes que de eso no te salvas, pero es un lujito que vale la pena darte.

El menú no es abrumador y eso me encanta. Mejor pocas propuestas con mucho empeño detrás de ellas.

Los tacos de filete con salsa de cacahuate y cebolla crujiente me encantaron, están retebuenos. De buenas a primeras parecieran viles taquitos de filete, chiquititos y carísimos (4 piezas por 345 pesos), pero ¡qué filete!, ¡qué sabor! No es un taco de este mundo.

Sucede igual con la ensalada verde (185 pesos) con higos, almendras y jamón ibérico. Te sorprende lo que emana de su aparente sencillez. Y el secreto está en los ingredientes. Para empezar, el jamón ibérico está de primera, buenísimo.

La crema de habanero (180 pesos) es ahora mi sopa preferida hasta nuevo aviso. Está soberbia. No sé ni cómo describírtela, o sea, no pica, pero sí pica, pero no pica. Bueno, el caso es que viene condimentada a la perfección, abrazada por un pan campesino que la mantiene calientita hasta la última gota y coronada con chips en tiras que le dan un toque mundano y artesanal.

Dentro del menú exhiben un recuadro que bautizaron como "La ventana de Bruno" con otra serie de platillos y postres minimalistas y muy visuales, donde ellos mismos confiesan que las porciones son pequeñas. O sea, ya para que lo digan ellos...

De ahí escogimos la que llaman "codorniz con otra piel" (piel de manzana) que efectivamente fue una probadita que se nos quedó en una muela. Chiquitita, cositas. Me divertí nomás observando esa obra de la nanogastronomía. Claro que a mi marido no le causó mucha gracia porque costó 220 pesos.

Podría seguir hablando maravillas de otros platillos, como el atún afrutado con mango y caviar de soya (320 pesos), o la lubina de Ensenada con puré de coliflor (390 pesos), pero ya no nos queda tiempo. Mejor lánzate a probarlos. Si no tienes, júntale. Vale la pena vivir un restaurante de este calibre ahora en Monterrey.

 
 
EL ALACRÁN
 
Chin. No me quedó mucho espacio y también quería platicarte largo y tendido de otro nuevo restaurante que se llama La Antojería (Cantina de Barrio) en la Plaza XO de Calzada San Pedro y Mississippi.

Nada que ver con el concepto de Sibau. Es completamente otro rollo, el típico botanero bien ambientado, mexicano, informal, casual y no tan caro. Y vale la pena hablar de él por varias razones. Una de ellas es que ahí puedes vivir el reto de cenarte un enorme alacrán de botana. Sí, un alacranzote, grandote y terrorífico. ¿Te atreves?

¿Crees que yo lo haya hecho? ¡Ni loca! Yo grité aterrorizada, pero el enfermo de mi marido lo agarró de la cola, se lo acercó a la boca y... la semana que entra te cuento.

 
 
conydelantal@elnorte.com
 
Twitter: @laverdaderaCony
 
 
 
 


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Cocina y servicio son otra maravilla. No cabe duda de que Sibau inmediatamente se cuela al top 10 de Monterrey. Luego discutimos cuáles son los otros 9.

Es un proyecto del aclamado papuchef (mezcla de papucho y chef) español Bruno Oteiza, mejor conocido por su restaurante Biko en CDMX, donde está asociado con su compatriota Mikel Alonso, otro que es guapo en la cocina y en todo lo demás.

Por si no sabías, Biko está considerado entre los mejores 50 del mundo, sí, del mundo mundial, y en algún momento anduvo el run run de que lo tendríamos acá en Monterrey... Teléfono descompuesto. Lo que en realidad se estaba cocinando era Sibau, digamos que un medio hermano de Biko, donde ya nomás Oteiza aparece al frente, aunque con una propuesta igual de espectacular.

Adentro de Sibau se percibe en un instante lo mucho que se prepararon. Para empezar te quedas de a cuatro con el ejército de gente, no nada más atendiendo mesas, también los que ves cocinando, porque dejaron la cocina tan exhibida que literalmente se les ve hasta la cocina. Es muy entretenido ponerte a observar lo que hacen ¡nomás para no tropezarse unos con otros!

Desde que llegas te capotea un equipo de hostess (¿hostessess, o cómo se dirá?) bastante avispadas. Yo lo digo por listas, pero mi marido en lo que se fija es en la cinturita. De ellas no te puedes escapar sin dejar registro de tu genealogía en su computadorcita.

Y siempre me he preguntado ¿qué harán con esa listita repleta de nombres y apellidos random? ¿Qué fin tendrán los Juan Pérez y las Lupes López que llenan renglones sin ton ni son?

Mi marido, que es un loquillo, se da vuelo inventándoles tarugadas. "Nombre, por favor". Ricky. "¿Apellidos?". Riquín Canallín. Se le quedó viendo tan feo la señorita que le dijo "no se crea" y enseguida les dio el nombre de Andrés Manuel López. Y así nos llevó la muchachita a la mesa, viendo a mi marido de reojo con muchas dudas. "Acompáñeme por favor, señor López".

Luego empezó el desfile de rangos. Nos dejó en manos de un garrotero que nos dio la bienvenida, luego llegó un mesero, después un capitán y al final un general o algo así. A cómo íbamos yo ya estaba esperando al mismísimo Bruno Oteiza de postre, pero no se me hizo; jamás llegó.

Y lo peor es que cada que me traían una vianda lo mencionaban de una u otra forma, así como cocoreándome: "el preferido del Chef Oteiza", "secreto del chef", "es el que él recomienda"...

¿Y no podrá venir a recomendarlo él mismo?, pregunté yo ilusionada. Uy, se acaba de ir, me aseguraron. Pamplinas. Otro mesero me confesó que sólo vino a la apertura y se retachó a España. Así me dijo, aunque en realidad está avecindado en CDMX. Total, puras leyendas. Oteiza es un mito hasta ahorita. Ojalá nos pele a los regios.

 
 
¿Y LA COMIDA, APÁ?

Perdón, casi olvido la comida por andar enlelada con el chef. Déjame platicarte de las delicias de Sibau porque su cocina también está de lo mejor. Cariñosa por supuesto, ya sabes que de eso no te salvas, pero es un lujito que vale la pena darte.

El menú no es abrumador y eso me encanta. Mejor pocas propuestas con mucho empeño detrás de ellas.

Los tacos de filete con salsa de cacahuate y cebolla crujiente me encantaron, están retebuenos. De buenas a primeras parecieran viles taquitos de filete, chiquititos y carísimos (4 piezas por 345 pesos), pero ¡qué filete!, ¡qué sabor! No es un taco de este mundo.

Sucede igual con la ensalada verde (185 pesos) con higos, almendras y jamón ibérico. Te sorprende lo que emana de su aparente sencillez. Y el secreto está en los ingredientes. Para empezar, el jamón ibérico está de primera, buenísimo.

La crema de habanero (180 pesos) es ahora mi sopa preferida hasta nuevo aviso. Está soberbia. No sé ni cómo describírtela, o sea, no pica, pero sí pica, pero no pica. Bueno, el caso es que viene condimentada a la perfección, abrazada por un pan campesino que la mantiene calientita hasta la última gota y coronada con chips en tiras que le dan un toque mundano y artesanal.

Dentro del menú exhiben un recuadro que bautizaron como "La ventana de Bruno" con otra serie de platillos y postres minimalistas y muy visuales, donde ellos mismos confiesan que las porciones son pequeñas. O sea, ya para que lo digan ellos...

De ahí escogimos la que llaman "codorniz con otra piel" (piel de manzana) que efectivamente fue una probadita que se nos quedó en una muela. Chiquitita, cositas. Me divertí nomás observando esa obra de la nanogastronomía. Claro que a mi marido no le causó mucha gracia porque costó 220 pesos.

Podría seguir hablando maravillas de otros platillos, como el atún afrutado con mango y caviar de soya (320 pesos), o la lubina de Ensenada con puré de coliflor (390 pesos), pero ya no nos queda tiempo. Mejor lánzate a probarlos. Si no tienes, júntale. Vale la pena vivir un restaurante de este calibre ahora en Monterrey.

 
 
EL ALACRÁN
 
Chin. No me quedó mucho espacio y también quería platicarte largo y tendido de otro nuevo restaurante que se llama La Antojería (Cantina de Barrio) en la Plaza XO de Calzada San Pedro y Mississippi.

Nada que ver con el concepto de Sibau. Es completamente otro rollo, el típico botanero bien ambientado, mexicano, informal, casual y no tan caro. Y vale la pena hablar de él por varias razones. Una de ellas es que ahí puedes vivir el reto de cenarte un enorme alacrán de botana. Sí, un alacranzote, grandote y terrorífico. ¿Te atreves?

¿Crees que yo lo haya hecho? ¡Ni loca! Yo grité aterrorizada, pero el enfermo de mi marido lo agarró de la cola, se lo acercó a la boca y... la semana que entra te cuento.

 
 
conydelantal@elnorte.com
 
Twitter: @laverdaderaCony