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Una carreta de nostalgia



Rosaura Barahona
en EL NORTE


El mundo insiste en recordarnos que el mal es omnipresente y casi omnipotente, pero hoy no hablaré de eso porque quiero recordar una carreta llena de nostalgia que se acaba de ir.

La Carreta, la cafetería más emblemática dentro del Tec de Monterrey original, dejó de funcionar ayer para ser parte del proyecto Pabellón La Carreta. Eso carece de interés para quienes jamás la vivieron, pero entristece a quienes cargamos con ella entre nuestros recuerdos ineludibles de estudiantes, maestros o empleados del Tec.

Nacida en 1949, La Carreta fue (horrible escribirlo en pasado) una pequeña cafetería anclada en el corazón de lo que entonces era el único Tec que había en todo México.

No era el Campus Monterrey del sistema Tecnológico, sino el Tec y La Carreta fue, por años, su única cafetería.

Quedaba detrás de lo que originalmente fue el edificio de Biblioteca que se convirtió en el de Rectoría a partir del 6 de julio de 1968, cuando los libros de todas las salas, excepto los de la Cervantina, se cambiaron al edificio de la Biblioteca Central que hoy tampoco existe.

Yo entré al Tec en 1958, cuando había 3 mil alumnos, de los cuales casi 40 éramos mujeres. Ir a La Carreta significaba llegar, sentarse y ser atendidos por un mesero que tomaba la orden y servía lo pedido en la mesa.

El menú era restringido (no había chilaquiles), pero las hamburguesas con frijoles eran una delicia. Conforme el Tec crecía eso iba cambiando hasta que se convirtió en una cafetería moderna: se pedía en la barra, se pagaba y el comensal se llevaba su pedido.

En La Carreta veíamos a los maestros (los conocíamos a todos), mientras platicaban sabrosamente porque el tiempo caminaba con más lentitud entonces y el ritmo de trabajo y el concepto de educación universitaria eran otros. Había clases sólo por las mañanas y de lunes a viernes.

Alguna vez el Ing. Fernando García Roel, Rector del Tec por esos días, nos contó que tras una junta con don Eugenio Garza Sada, se habían ido a La Carreta don Eugenio, el propio Rector y tres o cuatro directores más.

"La plática se alargó porque un tema llevó a otro; al rato estábamos todos riéndonos, cuando don Eugenio se levantó, se abotonó el saco y dijo: 'Bueno, señores, yo me voy porque yo sí tengo que trabajar'". No lo dijo enojado ni molesto, pero de todos modos, la frase se volvió célebre y muchos la siguen usando en circunstancias similares.

Digo, con toda la nostalgia del mundo, que eran otros tiempos, sin por eso decir que fueron mejores que los actuales. Cada tiempo vivido es el mejor para quien lo vive, de modo que no se trata de criticar, sino de señalar cómo incluso lo más sencillo cambia o desaparece por significativo que sea.

A La Carreta iban alumnos que eran alumnos, no clientes, y sus papás no pedían hablar con el director ni con el maestro cuando su hijo reprobaba o debía salir de viaje.

Como estudiantes aprendíamos a trabajar bajo presión, a ser puntuales, responsables y comprometidos, y para lograrlo no necesitábamos programas especiales: nos bastaba con el ejemplo de los maestros.

La Carreta fue testigo silenciosa de muchas cosas: nos vio descubrir, suspirar, coquetear, noviar, llorar con el corazón roto, imaginar, resignarnos, correr, leer, estudiar, mentir, reír, maldecir, discutir, pelear, temblar, temer, reclamar, agradecer, rechazar, buscar, fracasar, aprobar, reprobar, cuestionar, pensar, planear, saludar, conocer, fingir, ignorar, celebrar, analizar, dudar, callar, despedirnos, hacer tareas y gastarnos nuestro capital en un platillo. La Carreta nos vio crecer.

Hoy La Carreta ya no está en un Tec que es un sistema nacional, pero sí está en el ayer que llevamos en el corazón quienes alguna vez nos refugiamos en ella por la razón que fuese.

No sé cómo quedará la remodelación, pero no importa. Al pasar por ahí, siempre echaremos de menos nuestra carreta.

 
rosaurabster@gmail.com
 
 
 
 
 


Nació en México, D.F., pero es regiomontana por adopción. Se graduó de Licenciada en Lengua y Literatura española e inglesa, en el ITESM. Estudió guión en Madrid. Durante 38 años fue maestra en el Tec, en donde tuvo varios puestos directivos. Se retiró en 1996. Actualmente es consultora de educación y periodismo y capacitadora oficial de IBO (Organización del Bachillerato Internacional) para América Latina. Ha publicado algunos libros de narraciones.
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