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Compendia sus pasos Mónica Mayer

  • La antología repasa episodios familiares a la par de la trayectoria artística de Mónica Mayer. Foto: Óscar Mireles
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05 min 00 seg
Israel Sánchez
Hay dos cosas en las que la artista visual y activista Mónica Mayer (Ciudad de México, 1954) ha creído desde la década de los 70, cuando comenzó su carrera. Una de ellas, máxima y frase de batalla: lo personal es político.

"Lo que pasa en nuestras vidas tiene una relevancia social porque acaba pareciéndose a otras, o no, y entonces es importante estudiarlo", define la creadora en entrevista telefónica.

Su otra creencia, igualmente firme, es que la vida y el arte se mezclan.

"Esas dos consignas de esa misma época son muy importantes para mí, porque sí: lo que vivimos y lo que producimos como artistas, y nuestra manera de reaccionar al sistema artístico y de construir un sistema artístico, pues tienen que ver con nuestra vida personal y profesional", remarca.

Y parte de esta reflexión, reflejada en una prolífica carrera como una de las pioneras del arte feminista en el País, es recogida en Intimidades o no. Arte, vida y feminismo (Editorial Diecisiete), antología que reúne una selección de su producción textual.

Desde muy joven, Mayer ha tenido la compulsiva necesidad de escribir y registrar todo, por el "miedo a olvidar", explica ella misma, conformando un voluminoso archivo documental de críticas, crónicas, artículos, ponencias, cuentos, poemas, bocetos, cartas y diarios, algunos datan desde que tenía 8 años.

Al curar la exposición retrocolectiva de Mayer Si tiene dudas...pregunte, inaugurada en 2016 en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), Karen Cordero Reiman descubrió esta gran cantidad de textos en materia de arte feminista, mujeres y género; crónica y crítica cultural; performance y procesos creativos, y sobre su propia vida. Ahí surgió la idea de compilarlos en un libro.

Fueron la artista visual Katnira Bello y la historiadora, feminista y performancera Julia Antivilo quienes se sumergieron en más de mil 500 escritos de este acervo durante año y medio, y llevaron a cabo la labor de catalogar, seleccionar y organizar los que integrarían el libro.

"Acabó siendo un compendio muy hermoso, porque son cuatro décadas de textos míos", cuenta Mayer, contenta con una obra que ilustra la progresión en su vida y su trayectoria dentro del arte contemporáneo en México.

"En términos de entender el proceso creativo de alguien y de ver las distintas etapas, es un libro que a mí me gusta mucho", continúa. "Y también es un reflejo de la cultura en México; es otra historia de la historia del arte en México".

Pero, sobre todo, es un trabajo que permite pensar en Mayer no como la consagrada artista, feminista, madre, activista, promotora, conferencista, tallerista y confabuladora -como enlista Bello-, a quien todo se le dio naturalmente, sino todo lo contrario.

Es un retrato humano de esa joven sacudida fuertemente al irse a formar a la escuela de arte feminista en Los Ángeles; la creadora que sorteó la falta de espacios expositivos abriendo nuevos e independientes; quien disputó con instituciones culturales, y, desilusionada y exhausta, en ocasiones, hasta pensó en abandonar el arte.

Todo ello junto con pasajes muy íntimos de su vida, como el suicidio de su madre, la relación con Víctor Lerma --con quien comparte la vida y el arte desde 1975-- y su propia maternidad.

"He de confesar que el día que salió el libro y ya lo vi en físico dije: 'Ay, qué hice. Mónica, ¿por qué andas ventaneando ahí tus intimidades?'", dice, a propósito de los episodios familiares o las cartas inéditas.

"Sí me sentí muy vulnerable. Pero también todo mi trabajo siempre ha sido hablar de la maternidad, de cómo la he visto yo; de la sexualidad. Hablar de todos estos temas desde mi experiencia", remarca. "(Y eso) tiene que ver mucho con que lo personal es político".
'Falta mucho por cambiar'
Desde que tenía 15 años, Mónica Mayer había asistido a conferencias de feminismo en las que la consigna por una paga igualitaria por el mismo trabajo o el tema de la maternidad en realidad no conectaban con la entonces adolescente.

Fue hasta que entró en la Academia de San Carlos, a inicios de los 70, cuando la presentación de una compañera suya sobre mujeres artistas encendió el fuego que hoy continúa ardiendo.

Y es que, rememora la creadora, en la carrera nunca nadie había mencionado a una mujer artista, a pesar de que esta escuela albergó a una galaxia de ellas: María Izquierdo, Frida Kahlo o Celia Calderón, quien ahí se quitó la vida.

Sus compañeros, jóvenes artistas progresistas y liberales, con la huella del 68 aún fresca, sencillamente consideraban a las mujeres menos creativas a causa de la maternidad.

"Me cayó el veinte de que simplemente por el hecho de ser mujer, tuviera o no hijos, ya se me veía como menos porque se creía que mi creatividad y mi razón de ser era la maternidad", subraya, no sin hacer énfasis en las talentosas compañeras que tenía entonces: Georgina, Magali Lara o Maris Bustamante, con quien fundó el grupo de arte feminista Polvo de Gallina Negra.

"Había todo un colectivo de artistas, y pues me cae el veinte y empiezo yo también a pensar en todo esto y a asumirme como artista feminista, que en ese momento espantaba", recuerda. "Decía yo 'artista feminista' y la gente se ponía a la defensiva, como si fuera yo a sacar una espada y echármelos en ese momento. Cosa que ha cambiado con el tiempo".

Además, de lo que se dio cuenta desde un principio es que las creadoras no están solas ni separadas, sino que son parte de todo un sistema que debe funcionar para que el trabajo artístico sea visible.

"Si no hay quien escriba, pues escribimos; si no hay quien abra los espacios, pues los abrimos; si no están hablando de mujeres artistas, pues abrimos los espacios para hablar de mujeres artistas. Ese interés en crear sistema; no nada más trabajar por una misma, sino trabajar en colectividad", detalla.

Y desde muy joven ella lo había visto con claridad. En 1983 escribió que incidiría en la cultura, aportando una nueva voz --la feminista-- al arte en México. "Una voz que se haga patente y proponga alternativas a esta cultura".

"Como nadie más lo va a hacer, yo tengo que hacerlo, o hacer que todas lo hagamos", sostuvo entonces, reconociendo que lo primero que hacía falta era crecer en número, para lo cual la difusión del trabajo de las artistas era fundamental. "Despertó Adán (su hijo), ni modo, compondré el mundo después".

"Sí teníamos mucha claridad en lo que había que lograr. Y no ha cambiado tanto la circunstancia; se han abierto algunos espacios, hay museos que ya reconocen que no tienen mujeres artistas, hay esfuerzos por visibilizar el trabajo de las artistas, pero todavía falta mucho de cambiar", apunta Mayer. "Entonces, los objetivos siguen siendo los mismos".

Para la creadora, no sólo no habría arte contemporáneo hoy si no hubiera habido arte feminista, sino que desde el principio el arte ha sido fundamental para el propio feminismo en su lucha por cambiar la cultura.

"Creo que no se le ha dado todavía la importancia y el estudio que se le tiene que dar tanto de las artistas que nuestra práctica dentro del arte ha sido feminista como de las activistas que han usado el arte para protestar. Porque vas a cualquier manifestación feminista y está llena de gráfica, de performance; bueno, hasta cuando se intervienen los monumentos.

"Pero también ha habido una lluvia de memes, que para mí eso es cultura también, obviamente, y a través de estas prácticas culturales se logran cambiar las narrativas, y logramos cambiar como personas. El arte nos permite cambiar de manera más profunda, no nada más a partir de lo externo, sino de cuestionarnos más a fondo", enfatiza.
¿Vivir del arte?
Un aspecto recurrente en los escritos de Mónica Mayer en torno al sistema artístico en México es la desilusión --"compañera constante de esta pasión", escribe la artista a Raquel Tibol en 1993--, a propósito de lo agobiante que resulta querer vivir del arte en un lugar como México.

Tras venirlo registrando desde hace varias décadas, ¿percibe mejores circunstancias para el arte y los artistas hoy día?

Yo lo que pienso hoy, quizá de manera más realista, y que es lo que le digo por ejemplo a quienes están empezando en el arte, es: "Si pueden, huyan. Si hay otra cosa que les gusta mucho y que saben hacer, huyan. Si no pueden evitar ser artistas, pues bienvenidos". Pero estamos en un País donde 60 por ciento de la población vive en pobreza o pobreza extrema; entonces, no nos hagamos ilusiones de que vamos a vivir de nuestro trabajo. Hay que encontrar otras maneras de mantener el vicio, como decimos Víctor y yo siempre, lo cual implica tener una chamba para vivir y una chamba para hacer la producción artística.

Y las dificultades no se ciñen únicamente a los creadores, sino a prácticamente cada persona en el medio, estima Mayer, testigo de cómo han ido desapareciendo, por ejemplo, los suplementos culturales y las columnas de crítica de arte en los periódicos.

"Nosotros que en Pinto mi Raya (la galería de autor y proyecto artístico que fundó con Víctor Lerma) guardamos todo lo que salía de opinión en los periódicos durante 25 años, pues fuimos viendo cómo se fue recortando, recortando, recortando", reitera.

"Entonces, importa que los artistas hagamos el trabajo artístico, pero si no hay quién escriba, quien difunda, quien analice, quien compre, quien vea como público, pues no sirve lo que hacemos. Y quien lo guarde después, además".

Y aunque admite cambios positivos, como que ahora hay escuelas de arte en todos los estados, señala que la precarización en el sector se ha ido agudizando, siendo la cultura y el arte lo primero que sufre recortes presupuestales siempre.
Crear ciudadanía
Aquello que Mónica Mayer escribiera hace poco más de dos décadas en contra de las encuestas y foros --"una manera de hacernos creer que de algo sirve nuestra opinión"-- resuena en esta época donde se consulta al "pueblo" desde una megaobra hasta si se enjuicia a ex Mandatarios.

En términos de cultura, la artista considera que ha habido otra vez una oleada de foros, o "foritis", que no parecen llegar a mucho.

"Y yo creo que eso es lo que nos falta: no tanto que haya foros y consultas, sino que tengamos una práctica de participación ciudadana constante de todos, no nada más en las elecciones. (Eso) no sirve de nada; para mí, nada más votar no es una democracia real.

"Lo es estar involucrados en los problemas de nuestra profesión, dando la batalla por lo de los presupuestos; es estar involucrados políticamente en lo que sucede en nuestras colonias, etcétera, etcétera. Y tener esa práctica política mucho más fuerte, que no nada más sea de una vez como 'bueno, vamos a votar por este tema', pero por qué, a fondo, de veras entenderlo", concluye.
Hora de publicación: 21:00 hrs.

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