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Poder americano

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03 min 00 seg
Alberto Bortoni

Cuando Chevrolet anunció que el nuevo Corvette tendría motor central pensé que era un error. No era la idea de que hubiera un Corvette con esta configuración lo que me molestaba, sino el que dejara de existir con sus proporciones tradicionales, con un gran cofre y un gran motor delantero. 

Los coches con configuración de motor central se manejan diferente; se sienten diferente. Hay un balance que no se puede lograr de ninguna otra forma. La ligereza en la parte delantera se puede sentir; también en los coches con motor trasero como en el 911, pero no así el balance que se produce de tener esa masa pesada entre los ejes y sólo a unos centímetros atrás del conductor.

Chevrolet ahora ha traído a México la versión convertible del Corvette Z51. Su precio 2.79 millones de pesos. Y aunque es una cifra con la que se puede adquirir una buena casa, el auto vale cada centavo.

Es un descapotable en todos los sentidos, con un techo rígido que se pliega en dos partes y se oculta de forma eléctrica hacia la parte trasera y justo por encima del motor. Tiene una operación rápida y puede hacerse desde el control remoto. Parecerá una sangronería (y lo es), pero tiene el beneficio adicional de facilitar la entrada al coche así que vale la pena activarlo cuando se tiene la oportunidad. A parte, no toma mucho tiempo el proceso.

No puedo hablar mucho de lo bien que aisla el toldo la cabina. Lo menos que se desea en un Corvette Stingray convertible es aislarse de las sensaciones, así que el toldo permaneció abajo en todos los recorridos. Y en esta circunstancia los ruidos exteriores están presentes pero no de forma incómoda. La aerodinámica del auto hace que el viento no entre de forma molesta al interior y el pequeño medallón trasero hace un buen trabajo evitando la turbulencia en la parte central que es común en los convertibles.

Habrá quienes digan que un verdadero deportivo no puede o no debe ser convertible; la rigidez torsional, la ligereza y la aerodinámica de un coupé sólo puede ser comprometida quitándole el techo. Pero el Corvette queda más bien como un Targa, y aún que no fuera así, hay suficiente desempeño en el coche para mantener la sonrisa a los cuatro vientos.
Algo que llama la atención del Stingray es la suspensión.

Chevrolet realmente ha puesto atención y ha refinado el auto. En ningún momento el auto resulta incómodo aún sobre calles como las de México. Sí es un auto bajito, pero el problema de los bordos se reduce con la suspensión delantera que se levanta con sólo presionar un botón. Y lo que es mejor, se puede grabar la ubicación del bordo o la rampa, para que la próxima vez que se pase por ahí el auto levante el frente automáticamente gracias a la conciencia de su ubicación que le da el GPS.


Lo que Chevrolet ha hecho es llevar a su deportivo a las ligas mayores. Y lo ha hecho estupendamente. Quizá los 2.8 millones puedan parecer mucho, pero en el mundo de los superdeportivos resulta que es accesible.
Hora de publicación: 16:26 hrs.

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