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Un mundo sin este horror



Luis Mendoza Ovando
en EL NORTE

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4 min


¿Qué se supone que uno haga cuando todas las opciones se agotan? Pienso en las familias de Jorge Mercado y Javier Arredondo cuando comparto esta pregunta.

Las vidas de los estudiantes del Tec fueron arrebatadas de la forma más ruin: asesinados por la espalda, golpeados hasta quedar irreconocibles, privados de sus identidades y registrados como si fueran sicarios.

Han pasado 11 años de esta injusticia y se realizaron protestas año con año, se grabó un documental del caso, se brindó una disculpa pública por parte del Gobierno federal y nada fue suficiente.

Esta semana las familias de Jorge y Javier dieron a conocer que la FGR les envió un oficio explicando que todo este tiempo no les bastó para encontrar pruebas suficientes para sostener el delito de portación y acopio de armas de fuego y en los demás delitos, incluido homicidio, no tiene avances. De los seis sospechosos señalados por la Fiscalía, tres fueron capturados y siguen pendientes de obtener sentencia. A los otros tres no los han logrado capturar.

¿Qué se supone que tengamos que pensar como sociedad de esto? El caso de Jorge y Javier, gracias a la lucha de las familias y los grupos de activistas, logró volverse mediático y hasta conseguir la atención de la Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, pero la historia terminó como siempre en este país: en la total indiferencia por parte de las autoridades.

Historias como la de Jorge y Javier se repiten una y otra vez en cifras que abultan el horror cotidiano. Tan solo en los primeros cinco meses del 2021 se registraron más de 14 mil homicidios, de acuerdo con los datos del Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

Por su fuera poco, de acuerdo con la Secretaría de Gobernación, entre 2006 y abril del 2021 se han registrado más de 85 mil personas desaparecidas. El 70 por ciento de estas desapariciones se concentran en 10 estados de la república, uno de ellos Nuevo León.

Y mientras tanto el sistema de justicia en México sólo procura el olvido. De acuerdo con la organización Impunidad Cero, sólo 1 de cada 10 homicidios en México se resuelven. Entonces, ¿qué se supone que hagamos como ciudadanía?, ¿vivir en una desesperación silenciosa?

Ahí es donde uno entiende a la gente en Aguililla, Michoacán, que optó por apedrear a los militares. No se trata de realizar una apología de la violencia, sino de verlo como la manifestación de una pregunta esencial para el futuro: ¿para qué sirve el Gobierno si no puede proteger a sus gobernados?

Aunque la pregunta se ha reiterado desde que Felipe Calderón desató una guerra abierta -y absurda- contra los cárteles, no se ofrece una respuesta. Más aún, el Gobierno de AMLO, supuestamente antagónico al panismo, ha optado por darle más presupuesto y funciones a las Fuerzas Armadas. Este año la Administración de Andrés Manuel López Obrador le dio a la Secretaría de la Defensa Nacional el presupuesto más alto de su historia: 112 mil 557 millones de pesos.

Seguimos yendo por el camino equivocado, pero ahora a mayor velocidad y entonces, ¿tiene esto remedio?

En el caso de Nuevo León, mucho se ha presumido que la colaboración entre Gobierno, empresas y sociedad civil ayudó a disminuir la inseguridad. Si bien la tasa de homicidios en el área metropolitana de Monterrey ha disminuido, en zonas rurales se ha disparado.

Doctor Coss, por ejemplo, se volvió el municipio más peligroso del País en el 2020, de acuerdo con el estudio elaborado por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal, alcanzando una tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes 70 veces mayor que el promedio nacional. ¿Será que la inseguridad sólo cambió su código postal?

El Estado nos ha demostrado falta de imaginación, cuando no de interés, y nos ha dejado solos. Solos con el miedo de ser una cifra más, con las preguntas que hacemos una y otra vez sin obtener respuesta, con la certeza de que el Gobierno no lo va a resolver.

En nuestro presente, por lo pronto, no hay salidas, solo dudas como la de si es posible imaginar un mundo sin este horror.

 
El autor es estudiante de la Maestría de Periodismo en Políticas Públicas en el CIDE.

 
 
luismendozaovando@gmail.com
 
 
 
 


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