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Poder prieto



Karen Batres
en EL NORTE

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3 min 30 seg


Al fin, en México, un movimiento antirracista que reconoce que el racismo existe y se atreve a darle la lucha.

Poder Prieto es el proyecto de actores mexicanos como Mabel Cadena, Yalitza Aparicio y Tenoch Huerta, quienes comentan que a través de sus carreras han enfrentado papeles estereotipados basados en el color de la piel -trabajadores, sirvientes, ladrones y campesinos quienes en este país tienen una posición social baja.

Los actores aseveran que a pesar de que hay muchos actores mexicanos morenos con talento y entrega, se limita la posibilidad de sobresalir debido al racismo, que desestima a los prietos.

Yalitza Aparicio impactó al mundo cinematográfico con su genial trabajo en "Roma", de Alfonso Cuarón, e incluso fue nominada para un Óscar.

En el papel de sirvienta.

Las películas mexicanas de la supuesta "Edad de Oro" y las telenovelas presentan escenarios hilarantes: el "joven" de la casa (un cuarentón bigotudo que sigue viviendo en la casa de sus papás) se enamora de una sirvienta noble y aguantadora que por lo general es tan prieta como Lucero o Evita Muñoz.

Es tal vez peor si una película norteamericana busca actores para papeles de campesinos o malvados. No solamente se buscan prietos, sino feos. El ex reo Danny Trejo, por ejemplo, se ha ganado un lugar en "Breaking Bad" y "Machete" gracias a que cumple con el estereotipo gringo de un criminal mexicano.

"La evidencia estadística sobre el aumento de la discriminación por el color de la piel y sus efectos en la vida de los mexicanos es abrumadora", publicó el periódico El País en 2019, "sin embargo en el país latinoamericano apenas se empieza a hablar de este problema".

La cultura ha integrado el racismo al tuétano, desde los dicharachos tales como "trabajar como negro" o la elección de una pareja para "mejorar la raza", "indio ladino", hasta actitudes en silencio y políticas de negación del problema que impiden que se aborde.

Otros dichos son tan comunes que la gente no se entera del insulto que encierran: un prieto en el arroz, no tiene la culpa el indio sino el que lo hace compadre, cómo eres indio (o sea, tonto), se fue como las chachas, se viste como las gatas, me engañaron como a un chino, el niño es morenito pero está bonito, no presumas de gringo si traes el nopal en la cara.

Desde la Ciudad de México, BBC Mundo reportó en 2016 que 6 de cada 10 personas reconocen que son insultadas por el color de su piel, y el 40 por ciento se cree excluido en empleos o al solicitar un servicio por la misma razón, siendo los más afectados los indígenas que viven en franjas de mayor pobreza.

Después de vivir muchos años en la Ciudad de México, me consta el grado de desprecio, desestimación, y prejuicio que existe entre la gente con piel más clara hacia la mayoría de los mexicanos que son más prietos.

Aunque sí existe en el norte del País, no es tan hiriente ni tan profundo, tal vez porque la población es más homogénea, con menos grupos indígenas, y con una cultura de superación y trabajo.

No obstante, lo peor del racismo es que el discriminado compra -porque no le queda de otra- las actitudes sociales que lo señalan como alguien de menor valor por el color de la piel.

Vivir la vida con la frustración, la rabia, la tristeza, y la mentira, con puertas cerradas y oportunidades perdidas, es inimaginable. Los efectos a largo plazo del estigma incluyen menos salud por causa del estrés, menor movilidad social, menos oportunidades educativas, trabajos menos calificados.

Que viva el Poder Prieto, gente influyente que pone el dedo en la llaga, que sabe que México sí es racista, por más que quisiéramos pensar que sólo somos clasistas, como si eso fuera un pecado menor.

"Donde hay prietura hay sabrosura."
 
Vale.

 
 
kabatres@gmail.com
 
 


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