OPINIÓN

Cuatro palabritas.

LA OTRA HISTORIA DE MÉXICO / Catón EN EL NORTE

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Mucho nos ha ocupado ya la figura del revoltoso e inquieto padre Mier. Su vida parece una novela, y en las novelas se detiene uno con morosa delectación. Muchos personajes de la historia mexicana no tienen historia, y son tan aburridos como un discurso cívico-patriótico. Unos fueron estólidos; otros vivieron aburridos como si todos los días de su vida hubieran sido domingos por la tarde; muchos hicieron sólo fugaces apariciones que duraron apenas el tiempo suficiente para decir la frase célebre y posar para su estatua. Finalmente hay personajes de nuestra historia que no existieron nunca, y por eso narrar su vida presenta ciertas dificultades. El caso de fray Servando Teresa de Mier es muy distinto. De Cuauhtémoc dijo Ramón López Velarde que era el "único héroe a la altura del arte". En cierta forma fray Servando merece estar situado, si no en la máxima altura del arte, sí al menos en un modesto piso, quizá el del arte de la comedia. Vivió artísticamente el padre Mier, como si estuviera filmando la película de su propia vida. Sólo le faltó ser un gran amante para que su existencia mereciera del todo el galardón de ser llamada novelesca.