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LA OTRA HISTORIA DE MÉXICO / Catón
en EL NORTE


LA OTRA HISTORIA DE MÉXICO



La caída de don Juan

Ya nadie quería a don Juan Álvarez, presidente de la República en aquellos meses finales de 1855. La clase media y alta de la capital lo miraba con disgusto: don Lucas Alamán había sido personaje muy estimado en los buenos círculos de la sociedad, y nadie olvidaba que cuando Álvarez se enteró en algún poblacho de la sierra de Guerrero del fallecimiento del ilustre polígrafo fue tal su alegría que salió a bailar por las calles y ordenó que repicaran las campanas y que hubiese estrépito de cohetería como señal de júbilo por la muerte de aquel destacadísimo conservador.
Los liberales puros que llevaron a Álvarez al poder tampoco lo veían ya con beneplácito. Sus rudezas, su ignorancia supina en cosas del gobierno los ponían en aprietos cada rato. Por su parte Álvarez se quejaba con razón de que los hombres más radicales del partido liberal -Juárez, Lerdo, Ocampo, Prieto, Mata- estaban formando un grupo o camarilla cuyo propósito era apoderarse del gobierno.
En el seno del gabinete de Álvarez estalló, pues, la discordia. Renunció don Guillermo Prieto, que desempeñaba el papel de ministro de Hacienda, harto de las burlas y chocarrerías de que lo hacía objeto todo mundo por su manifiesta incapacidad para manejar los escasos fondos de que disponía el erario público. Juárez, ministro de Justicia, hablaba a sus íntimos de seguir el mismo camino de renuncia, pues no sentía que el presidente apoyara con la suficiente energía su ley para someter a los eclesiásticos al fuero común. Don Miguel María Arrioja, que tenía a su cargo la cartera de Relaciones Exteriores, era descrito por todos como "una perfecta nulidad", cosa en que había notoria injusticia, pues ya se sabe que nadie es perfecto. Ponciano Arriaga, uno de los desterrados en Nueva Orléans que al triunfo de la revolución de Ayutla regresó al país para ocupar la presidencia del Congreso, se esfumó y nadie conocía su paradero. En una carta dirigida a Manuel Doblado el conspicuo liberal don Manuel Siliceo escribió estas palabras: "... Quedan, pues, don Juan y una comparsa de ignorantes tan imprudentes como locos, siendo algunos de ellos bribones por añadidura, y a la cola una chusma de pintos indecentes y degradados que son la mejor representación de este infeliz país...".
En la capital la gente andaba inquieta y llena de temores. Se hablaba de que Prieto sería sustituido en el gabinete por Valentín Gómez Farías, a quien la mayor parte de la población odiaba al mismo tiempo que temía. Si esa substitución se hacía, dijo Siliceo utilizando un refrán entonces muy en uso, "... todos podríamos decir en coro: `Si malo es San Juan de Dios, peor es Jesús Nazareno"'. El dicharacho aludía a dos hospitales de la ciudad de México, a cual peor.
El 6 de diciembre se pronunció contra el gobierno de Álvarez don Manuel Doblado, que era gobernador de Guanajuato. Doblado era liberal, pero de los moderados, y no comulgaba con lo que en la ciudad de México hacían los "rojos", es decir, Juárez, Lerdo, Ocampo y los demás, que se valían de la manifiesta debilidad y falta de dotes políticas de don Juan Álvarez para llevar adelante su extremada ideología política. Álvarez, dijo Doblado en su manifiesto a la nación, había faltado junto con sus ministros a la confianza que en él depositó la nación. Así pues quedaba destituido de su cargo, que en adelante desempeñaría don Ignacio Comonfort.


Armando Fuentes Aguirre, "Catón". Nació y vive en Saltillo, Coahuila. Licenciado en Derecho; licenciado en Letras Españolas. Maestro universitario; humorista y humanista. Sus artículos periodísticos se leen en más de un centenar de publicaciones en el País y en el extranjero. Dicta conferencias sobre temas de política, historia y filosofía. Desde 1978 es cronista de la Ciudad de Saltillo. Su mayor orgullo es ser padre de cuatro hijos y abuelo de 13 nietos.

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